Después de publicar un post sobre La Dani hace un tiempo, continuamos en Málaga de la mano de las fotografías de la increíble Lucía Padin que aquí os presentamos junto a las de otros componentes de la marca y colectivo junto a sus compañeros Livin Savage.
Cuando pienso en el barrio se me vienen a la cabeza las Nikes Shoxs y las cadenas de oro con el escudo del Málaga. Las zonas de la tradición: de la gloria y de la derrota. La zona de los pobres, de los jazmines en flor, de los parques fresquitos en verano con sus fuentes y los globos de agua tan hinchados que amenazan con explotar en tus propias manos, los hombres sin dentadura tomando Victorias frías, como si la vida dependiera de esos pequeños momentos, las madres y las flores; y los perros. Las sardinas en la Misericordia o en el Palo. Las peñas, los equipos de fútbol, los chándales, los insultos, los besos, las pintadas, los sueños de futuro lejos de esta plaza, de este lugar inerte (…). En fin, cuando hablo de barrio, en concreto de barrio malagueño, quiero aludir de forma directa a la Identidad y a la Realidad de la ciudad.
Livin Savage es un colectivo de personas que surge bajo la agradable estampa de la vida relajada de barrio, las noches veraniegas y las reuniones en las plazas o en los parques. Es imposible centralizar la creación de este grupo de jóvenes en una sola cosa porque la esencia de la misma reside en la diversificación de su producción. “Cada uno hace lo que mejor sabe hacer” es una de sus máximas. Que su fundación surja de forma relajada no significa que su producción lo sea: fanzines, fotografía, moda, serigrafía o carteles son algunas de las cosas que podemos encontrar en sus redes sociales. Siempre es un placer para nuestra ciudad que las nuevas generaciones de jóvenes estén activas y luchen por dignificar su papel cultural.
"El barrio es donde se concentra toda la esencia, donde el legado se transmite de generación en generación, es el que te cría y en el que te curtes. Como bien dices, en Málaga determinados barrios tienen un carácter histórico, como es El Perchel o Huelin. Es una pena que esto se vaya perdiendo y la gentrificación golpee tan duro. En Huelin, en Calle Arganda, cada vez es más complicado ver a señoras en corro tomando la fresca en las noches de verano y ya hay varios Airbnb… La gente de aquí que está destinando las antiguas casas de sus familiares al alquiler vacacional debería tomar conciencia y reflexionar sobre lo que está haciendo, ya que están cegados por el dinero fácil de esta horrible práctica amparada por la ley."
A la izquierda, look de Maria Simún, la diseñadora de las traperas españolas. Centro, imagen de instagram de Cariatydes, derecha, look de la firma sevillana Maria Magadalena. FOTO: INSTAGRAM/MARÍA MAGDALENA
¿Quién mató a la ‘choni’ española?
La estética y la oda a la mujer de barrio inunda las tendencias en moda y cultura mientras el adjetivo peyorativo cae en desuso por las nuevas generaciones.
“No me seas choni”. En el último True Story de Anabel Lorente, conocida en redes como @catana3el por sus miniclips ilustrados sobre vivencias cotidianas con perspectiva de género, la protagonista se enfrenta a un dilema moral aparentemente simple: comprarse (o no) unos pendientes de aro rizados en Bershka. “Son de choni”, dice a su pareja mientras lucha interiormente con los prejuicios que el resto puede proyectar sobre su imagen si se los pone. Dilema existencial que resuelve con el sonido de una caja registradora acallando a sus miedos y una rumba de Peret a todo trapo.
“Ser choni no es malo de por sí”, aclara Alonso por teléfono, “se convierte en algo negativo cuando se utiliza como ofensa desde una clase más acomodada hacia otra que considera inferior”, añade. Alonso, hija de mestiza y “criada en un ambiente entre andaluz y gitano”, asegura que, pese a una raíces que le permiten “tener un contexto para poder hablar de ello sin ser clasista”, creció asumiendo que ser choni era “un especie de estigma”. La duda de Anabel en el Bershka cuenta con casi 10.000 likes en Twitter y se ha convertido en el post que, hasta la fecha, mejor le ha funcionado en Instagram. Miles de mujeres se han identificado con ese rechazo a ese “estigma” femenino. Las más jóvenes, más liberadas de prejuicios, lo comparten aplaudiendo por no atender a las imposiciones de estilo. Las mayores de 30, posiblemente, porque celebran ese portazo a un inconsciente que les recuerda que en su adolescencia nadie quería ser una choni. Ese era el adjetivo para humillar y señalar a mujeres de entornos obreros y sin acceso a la educación superior, a esas chicas que cometían la osadía de brillar a su manera, libres de los parámetros de la policía del decoro, la formalidad y la corrección acorde a las buenas chicas. “No me seas choni”, esa comparativa, se percibía entonces como un agravio. La RAE, de hecho, incluyó la acepción en 2014 y la limitó a un solo género (no hay hombres chonis para los académicos) como “mujer joven que pretende ser elegante e ir a la moda, aunque resulta vulgar”.
Pero, ¿qué ocurre cuando la moda, ya sea desde el lujo o desde el low cost para el pueblo llano, parece haberse puesto de acuerdo para inspirarse en (o apropiarse de) la estética de lo vulgar y del barrio? ¿Qué pasa cuando los referentes musicales y aspiracionales de toda una nueva generación visten con chándal y aros rizados –ahí está la imagen de Cardi B. anunciando su colaboración con Reebok–, plataformas, crop tops y llevan uñas de gel? ¿Cuando la educación sentimental de las chavalas se cultiva a través del estilo y jerga de las divas de barrio? ¿Tiene sentido, entonces, hablar de “chonis” hoy en día en términos ofensivos?
Cardi B, la nueva mujer maravillas de la moda: además de su contrato con Fashion Nova, acaba de estrenar otro como imagen de Reebok Classics. FOTO: CORTESÍA DE REEBOK
“El concepto ‘choni’ ha cambiado con respecto a las generaciones previas a la actual (o millennial). Es una palabra mucho menos utilizada por los jóvenes actuales y no creo que la vean peyorativa”, defiende Alicia Álvarez, doctora en comunicación y codirectora de uno de los fenómenos culturales del año, El Bloque, el programa sobre trap y cultura urbana que la televisión convencional, inexplicablemente, todavía no se atreve a producir y emitir. Álvarez, que también ejerce como directora creativa de Radio Primavera Sound, asegura que lo choni se ha vaciado de significado por “un cambio en el lenguaje” en una “generación de nativxs digitales” cuya “brecha que les separa de la generación anterior es mucho más grande, global, acelerada y mutante en sí misma”.
Una nueva hornada que escucha a La Zowi, se inspira en los maquillajes de Cariatydes y asiste al encumbramiento de Rosalía como paradigma total de este fenómeno: el mercado explota su imagen sabiendo que funciona igual de bien siendo imagen puntual de cosmética del lujo como YSL Beauty que como protagonista de una colección cápsula para Pull and Bear. Álvarez señala que la confirmación de la estetización global de la choni llegó cuando Riccardo Tisci encumbró a las cholas en su colección Victorian Chola para Givenchy en 2015. El fenómeno Kardashian, el trap, la fijación del lujo imitando a firmas nicho que ensalzaban la cultura del gueto como Hood by Air en Nueva York o Andrea Crews en París, el athleisure como tendencia global, Virgil Abloh consolidando el estilo de la calle hasta en Louis Vuitton, la exclusividad de Fendi viralizando sudaderas que imitan el logo de Fila, el encumbramiento de iconos pop de ex strippers como Cardi B o Amber Rose, así como el despegue millonario de firmas como Fashion Nova –el Zara que imita el estilo de las chicas de barrio fue la cuarta marca más buscada en 2017 por detrás de Chanel, Gucci o Louis Vuitton– han ido cocinado parte del resto. ¿La última señal de que las calles marcan la pauta? Que un diseñador como Kerby Jean-Raymond, que mezcla activismo y herencia urbana afroamericana en su firma Pyer Moss, se haya hecho con el prestigioso premio CFDA en EEUU hace apenas unos días.
En España, firmas como Maria Ke Fisherman, Krizia Robustella o Maria Escoté han triunfado con su reinterpretación y pastiche de los símbolos de distintas tribus urbanas de las últimas décadas: creaciones influenciadas por el hip hop, el chonismo o lo bakala. María Simún, con sus diseños a lo Yeezy, es la creativa favorita de las artistas del trap. Lo marginal se convierte en tendencia adaptándose a nuevos tiempos. Alejandra Jaime, diseñadora sevillana y creadora de la firma Maria Magdalena, que también bebe de este tipo de estética, rechaza la persistencia de la choni y apuesta por una transformación generacional del concepto en sí. “Una choni o una cani (como decimos aquí en Andalucía) me traslada directamente a los 2000, y define un tipo de mujer que en aquella época solía ir vestida de leopardo y dando voces por la calle, enemiga principal de las pijas y sin ningún problema para tirarles de los pelos porque sí en una fiesta”, destaca. La transformación de lo peyorativo del término, para Jaime, es un hecho. “Ya prácticamente no existe. Ha desaparecido por la evolución social. Y ahora yo aplico el término de manera totalmente positiva. Creo que nos hemos quedado con una parte muy beneficiosa para la mujer de lo que significaba ser choni. Creo que ahora eso significa que no tienes que ser perfecta ni seguir los cánones de belleza, de moda, sociales o culturales, y que te permites ser borde con quien no te respeta y vives tu sexualidad con la mayor de las libertades”, defiende.
Uno de los looks de la colección ‘Integración’ de Maria Magdalena. FOTO: CORTESÍA DE ALEJANDRA JAIME
Una evolución de empoderamiento que también se percibe en el mundo del trap. Álvarez asegura que, en el género, a las chonis ni se las menciona ni se las espera. “En las letras de canciones no se utiliza la palabra “choni”, personalmente cuando escucho la palabra viene de alguien mayor de 35 años (y sí, suele ser de forma despectiva)”, aclara y resalta que “en las canciones actuales se utiliza sobre todo ‘ratchet’, y no solo en las letras sino en las entrevistas. La Zowi por ejemplo utiliza mucho esta palabra y me parece super-representativa; suele repetir en sus letras “mis ratchets”, “mis bitches”, mis “putas”, mis “hoes” en referencia a su “gang” (grupo de amigas); también se podría teorizar sobre su uso de la palabra “puta” por cierto, y de cómo Zowi la ha re-conceptualizado”, aclara. Ellos tampoco parecen tener preferencia por el adjetivo: “Hay un tema de Yung Beef titulado Ratchet Luv (Amor de Yoli) que me hace pensar en un paralelismo entre choni, ratchet y yoli (podríamos extraer del título de la canción que ratchet y yoli son equivalentes). De todas formas creo que “ratchet” tiene un significado más de empoderamiento que la palabra “choni”; diría que choni es algo más genérico y que ratchet se utiliza para designar a las mujeres-gangster o las mujeres rodeadas de un halo de peligrosidad (también vinculadas al lujo en cierta medida), tanto desde la actitud como desde la imagen. Si te fijas en la estética de Rosalía es innegable que tiene un aire ratchet (o raxeta, como el título del primer tema de la Zowi)”.
“La RAE se ha quedado choni -desfasada- en la definición del vocablo”, sentencia la periodista María Irazusta (autora de Eso lo será tu madre y Las 101 cagadas del español, ambos editados por Espasa). “La choni auténtica no pretende seguir la moda sino ‘su moda’ que, en ocasiones, fue moda para otras tribus (como la de los pijos) años atrás”, defiende. Irazusta asegura que lo choni ahora se exhibe “con orgullo”, aunque “tímidamente”. Álvarez también apoya una evolución positiva, aunque con reservas frente a una asimilación total sin clasismo o condescendencia. “El hecho de que palabras como “ratchet” o “chola” estén de moda y sean algo cool entre la nueva generación me parece un camino perfecto y una oportunidad para acortar determinadas distancias entre clases –tal y como lo es que Bershka esté de moda (no olvidemos que Princess Nokia es imagen de Bershka y Bershka es uno de los sponsors de un festival como Sónar)–, pero que para que dejemos de ser clasistas o se dejen de usar palabras como “choni” o “ratchet” de forma peyorativa el cambio social y educativo ha de ser mucho más profundo”. La diseñadora Alejandra Jaime lo resume de forma ilustrativa: “Los que consideren ofensivo el término simplemente no entenderán esta visión renovada y tendrán ese concepto del 2000. Supongo que también tiene que ver con esa tiranía con la mujer. La gran parte de la sociedad quiere seguir fabricando a princesas delicadas y casi virginales”.
MATANGI / MAYA / M.I.A.
Año: 2018
Director: Stephen Loveridge
Sinopsis:
Dos décadas de vídeos caseros nos revelan la vida de M.I.A., primero como refugiada en Londres huyendo de la guerra en Sri Lanka y luego como estrella en un negocio que no tolera posicionamientos políticos. Cineasta de vocación, M.I.A. empezó a grabar hace veintidós años su vida y la de su entorno en el sur de Londres, donde su familia, de origen tamil, se había refugiado escapando de la guerra. El ingente material en vídeo que llegó a acumular permite ahora reconstruir su periplo vital como joven inmigrante para la cual la música era la única brújula para ubicarse en el mosaico racial londinense. Y todo lo que vino después: su descubrimiento del hip hop y la música urbana, su efímera colaboración como documentalista con Elastica (de muy distinto estrato social), la búsqueda obsesiva de su propio sonido y de su propia historia, los viajes a Sri Lanka, la visita de su padre (líder guerrillero tamil), su estrellato repentino y su determinación para aprovechar ese estatus para denunciar un genocidio del que ni Europa ni Estados Unidos ni los que cortan el bacalao en la industria del entretenimiento siquiera querían oír hablar (sinopsis de In-edit).
Sobre unas grabaciones caseras de una fiesta familiar en las que una niña baila sonriente, una voz en off confiesa: “La música era mi medicina, tenía que lidiar con el hecho de que era diferente. Era una inmigrante. En Sri Lanka me disparaban por ser Tamil, y en Inglaterra me escupían por ser una Paki”. La voz es la de Matanghi Maya Arulpragasam, la misma niña de pelo corto que baila feliz en la filmación, más conocida como M.I.A, y tanto el tono confesional y desgarrador de la narración como la intimidad y ternura de las imágenes rescatadas de filmaciones caseras familiares nos avisan de que lo que vamos a ver no se ajusta demasiado a la idea estándar de documental biográfico sobre la carrera de una estrella mundial de la música.
Con “Matangi/Maya/M.I.A.”, el director Steve Loveridge nos ofrece una visión extremadamente íntima y humana de un personaje y una historia apasionantes, en un relato crudo y emocionante donde confluyen política, identidad, arte y activismo. “Todos aquellos inmigrantes que llegaron a Londres y se enfrentaron a todo por primera vez… No había otros refugiados más antiguos con los que hablar. Mi madre de repente se convirtió en una mujer que conducía un coche, tenía tres trabajos a la vez, criaba a tres hijos y estudiaba inglés, y no tenía a nadie con quién hablar. La cámara era una herramienta necesaria. Era como terapia, una forma de comunicarse”. Fruto de esa terapia son las más de setecientas horas de filmaciones caseras que M.I.A. puso en manos de Loveridge hace diez años para hacer un documental. “Steve ha estado presente de forma constante en mi vida, es el amigo de la facultad que presenté a mi familia, no es nada macho, no avasalla a la gente, es muy sensible con los temas complicados y no juzga ni generaliza. Creo que es muy importante encontrar gente con tanta sensibilidad, y él la tiene”.
El resultado de ese voto de confianza es un documento excepcional en el que los elementos de la fama y el éxito quedan en segundo plano para centrarse en la historia de Maya, la persona detrás de M.I.A.: hija del fundador del Movimiento de Resistencia Tamil, refugiada en Inglaterra debido a la guerra civil en su Sri Lanka natal, activista política, madre y auténtico huracán de creatividad e inconformismo. “Hoy en día se ha extendido otra vez un relato acerca de la inmigración y los refugiados que es una de las razones por las que tenemos a Trump, el Brexit o la vuelta de la extrema derecha en toda Europa, otra vez”. Ese difícil equilibrio entre la conciencia política, el arte como medio de expresión y las contradicciones y conflictos derivados de la fama es el eje central sobre el que se desarrolla la cinta. Alrededor de ese eje, una creadora incansable en perpetua evolución, y mucha y muy buena música. “No quiero que esta película se limite a una historia sobre los inmigrantes, o como un viaje acerca de la raza y el género. En la película también intento ser creativa y quiero ser aceptada por ser creativa”.
“Matangi/Maya/M.I.A.” supone un viaje visual fascinante, en el que nos asomamos sin glamour ni maquillaje a la historia de una artista única. “El shock inicial de ver tanto material personal en el documental fue difícil, me sentí muy vulnerable la primera vez que lo vi, pero después se lo enseñé a mi familia, y les encantó. Es un documental sobre mí, pero a la vez incluye a muchas otras personas, es algo muy sensible. Steve es un buen tío y fue cuidadoso, no le ha arruinado la vida a nadie”.
Sin cuestionarse su género. Es un hombre muy maricón que no duda ni de su sexo ni de su homosexualidad, no se siente como un modelo a seguir, ni influencia de nada. No entra en política, pero claramente tiene su postura en contra del patriarcado. Siempre fue una niña muy inquieta, interesada en lo visual y en lo estético. También se autodefine como “un maricón pintao con sus botines, pieles, oros y un buen rizo nena”.
Una tarde, mientras bebía cervezas con Las amigas, La Dani le comenta a Guille (Estereotipo), su mejor amigo músico, si le gustaría grabar una canción juntos para ponerla de tono de llamada en el móvil y cantar con las amigas, a lo que Estereotipo contesta: ¿Quién le dice que no a La Dani?. Es así como nace su primer hit, titulado "Como Beyoncé".
"Trapical" es el concepto y género musical que nace de la mano de La Dani y Estereotipo que fusiona sonidos tropicales: reggaeton, cumbia, dembow, bachata… siempre de la mano del autotune tan característico en la escena del trap.
En tus vídeos vemos muchas referencias a los 90 y a los 2000. Por otra parte también lo enmarcas todo en Málaga, dándole especial protagonismo a la cultura de barrio. ¿Cuál es tu background? ¿Con qué referentes has crecido?
Yo soy de Málaga, me he criado en la Victoria, así que ese es mi background, el barrio. Yo escuchaba absolutamente de todo, pero todo muy de barrio. Desde el Tijeritas hasta Operación Triunfo. También me ha interesado siempre muchísimo el flamenco, llegando hasta cosas más indies o poperas. En cuanto a mi background estético… no soy católico, pero me he criado en una familia en la que mi abuela va a misa todos los domingos, yo he ido a un colegio de curas… así que toda la iconografía religiosa me apasiona. Sobre todo el barrio, Calle la Victoria, Lagunillas… yo he llevado chándal, he llevado oros… y lo sigo haciendo, porque me parece la hostia. Todo lo demás, lo que no es barrio, ya ha sido por inquietud propia.
Imagen por Marta O Nilsson de la expo sobre La Dani realizada el año pasado.
‘Eloy de la Iglesia. Oscuro objeto de deseo’, la vigencia de un cineasta. Una exposición en San Sebastián reúne fotografías de todas sus películas y sus colaboraciones para el teatro y la televisión. https://elpais.com/ccaa/2018/07/19/paisvasco/1532007637_068376.htmlhttp://www.donostitik.com/eloy-de-la-iglesia-zarpazo-a-zarpazo-en-artegunea-de-kutxa/ Eloy Germán de la Iglesia nace en Zarautz en 1944. Como cineasta logró mostrar una visión osada de nuestra sociedad desde sus comienzos en el cine en plena dictadura franquista en 1966. Mantuvo una ardua lucha contra la censura hasta su desaparición en los comienzos de la democracia, en 1977. Militó en el cine y en la vida, llegando hasta el abismo y más allá. Sus osados argumentos narran los problemas de la droga, las represiones sexuales de un país bajo la dictadura, la corrupción política, la actividad de grupos paramilitares, la delincuencia juvenil, la homosexualidad…, todos ellos temas tabúes en la época y que él se ocupó de hacer dinamitar. Retrato de una época oscura y reprimida que De la Iglesia contemplaba desde su militancia política y su onda raíz comprometida, sin perder el sentido del humor y la complicidad con el público. Es poseedor de una obra insólita, provocativa y rompedora, cronista de mundos subterráneos, con una estética personal que ha permanecido indeleble con el paso de los años. Hoy, 12 años después de su fallecimiento en marzo de 2006, su obra sigue siendo referente y modelo para jóvenes cineastas. Esta exposición en la sala Artegunea hasta el 4 de noviembre de 2018 es la primera muestra completa que recoge todas sus películas, sus colaboraciones en televisión y en el teatro. Contada de una forma cronológica, la exposición Eloy de la Iglesia. Oscuro objeto de deseo, se convierte en una radiografía certera de más de cuatro décadas de nuestra historia. Se podría decir que vivió, amó e hizo cine como pocos lo hicieron: sensualmente, con verdad y hasta la locura. Odiado y admirado a partes iguales, sus planteamientos nunca dejaron indiferente. Tras pasar una década en el olvido, Eloy afirmaba orgullosamente que no encontraba otra razón para vivir que la de continuar en el cine. Pedro Usabiaga. Comisario de la exposición.
La exposición está comisariada por el fotógrafo Pedro Usabiaga (San Sebastián, 1959), con una reconocida trayectoria en la fotografía para cine, tanto para campañas de prensa, como sesiones especiales para un buen número de películas, o ediciones de libros de cine. Ha venido desarrollando una intensa labor como comisario de exposiciones de fotografía y pintura. La exposición hace un recorrido cronológico por la carrera profesional de Eloy de la Iglesia, incluyendo sus trabajos de teatro y televisión, y desarrollando un recorrido por toda su filmografía a través de unas 150 fotografías, acompañadas de la sinopsis de la película:
Estos últimos años hemos visto una eclosión de publicaciones sobre la conocida como "Ruta Destroy o Ruta del Bakalao", los 90 han vuelto para quedarse una temporada entre nosotros al igual que hace unos años se empezó a revisar La Movida, ahora es el momento de nuestro pasado poligonero más reciente.
¡BACALAO! HISTORIA ORAL DE LA MÚSICA DE BAILE EN VALENCIA, 1980 – 1995
Luis Costa
Fruto de un año y medio de trabajo, y de cientos de horas de entrevistas con los principales actores y protagonistas de la escena musical y empresarial, ¡Bacalao! es el primer libro que aborda de manera exhaustiva, seria y rigurosa el panorama musical y de ocio nocturno valenciano del periodo que se extiende desde principios de los ochenta a mediados de los noventa.
Tras la muerte de Franco, y en plena Transición, España vivió un periodo de esplendor cultural underground que, influido por la eclosión del punk británico, sentó las bases de una nueva escena artística, sobre todo musical, que, en Valencia, a partir de la iniciativa de unos pocos emprendedores y visionarios, fraguó el alumbramiento de algunas de las discotecas más innovadoras y avanzadas de Europa. Allí empezaron a operar los primeros DJ del país, mezclando los vinilos que importaban de Londres o que traían las intrépidas tiendas de discos que empezaron a proliferar en la ciudad. Nacía así una cultura de clubs cuyos bastiones fueron discotecas como Barraca, Chocolate, Espiral, Spook Factory, Puzzle, A.C.T.V o N.O.D.
Los primeros años de espíritu vanguardista y transgresor, y los pioneros conciertos que se organizaron en algunas de estas salas, desembocaron en la consolidación de un modelo de ocio nocturno que explotó el frenesí de una juventud que buscaba encontrar sus propios referentes y halló en el esparcimiento frenético de la noche una forma de liberación. Liberación que propiciaron las drogas —al principio la mescalina, y luego el éxtasis, la cocaína y el speed— que cientos de jóvenes consumían en las diferentes discotecas, algunas de las cuales abrían en horario de after hours, en un circuito que se podía prolongar ininterrumpidamente durante el fin de semana, y a veces más allá. Pronto, el fenómeno se tornó masivo, y las fiestas de la llamada «Ruta del Bakalao» o «Ruta Destroy» se hicieron multitudinarias. Brotaron sellos discográficos y productoras que alimentaban la demanda musical de las salas, y los gigantescos parkings que se habilitaron para los coches que allí acudían acabaron por transformarse en prolongaciones de las fiestas que tenían lugar en el interior de los clubs.
Este libro pretende dar cuenta por primera vez de esta historia de nuestra cultura cuyo legado ha quedado desdibujado y deformado por lo que trascendió a través del eco distorsionado de los medios de comunicación. En forma de historia oral, ¡Bacalao! revive tanto aquellos años de frenesí como la música que se produjo y pinchó en aquel tiempo. http://editorialcontra.com/producto/bacalao-historia-oral-de-la-musica-de-baile-en-valencia/ https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20161230/bacalao-contra-luis-costa-entrevista-5709469 https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-luis-costa-ruta-bakalao-formula-inventada-prensa-no-entendio-nada-201701250044_noticia.html
«Por lo que puedo recordar, todo estaba ocurriendo antes en Valencia que en Ibiza. Creo que el primer éxtasis venía de allí, de Valencia. Recuerdo que, después del concierto que dimos en Barraca, todavía estábamos de fiesta a las diez de la mañana.»
Shaun Ryder, Happy Mondays.
Valencia Destroy
Podcasts de Eugenio Viñas.
En 1975 miles de jóvenes en toda España se abrieron a las libertades gracias a la ausencia de normas, el aluvión de influencias culturales llegadas desde todo el mundo y el ansia por explorar los límites tras el fin de la dictadura.
Aquella explosión que generó la Movida, el folk catalán o el Rock Radikal Vasco dio lugar a una escena que acabaría sepultada por su propio mito. Hoy, ninguno de sus protagonistas quiere oír su nombre, pero todos la conocemos como la “Ruta del Bakalao”.
Llegados de todas partes, y ajenos a lo establecido, artistas plásticos, músicos, dj’s, performers, dramaturgos y diseñadores experimentaron en València durante la década de los años 80. Sin embargo, el relato construido a partir de los 90, ligado a la masificación del fenómeno, su mercantilización y las muertes en accidente de tráfico, es el que ha sobrevivido y el que permanece en la memoria colectiva. Valencia Destroy es la historia de un lugar mágico en el que confluyeron decenas de miles de jóvenes para imaginar su propia identidad y crearla sin filtros. Es la historia no contada de quienes hicieron posible y disfrutaron de un momento de libertad irrepetible que rompió con el pasado y dibujó el futuro que nadie esperaba para ellos. https://www.podiumpodcast.com/valencia-destroy/ https://elpais.com/elpais/2017/09/22/tentaciones/1506078108_896844.html
El Blog La Ruta surgió en mayo de 2008 como soporte y medio de difusión del libro con idéntico nombre. Con el tiempo, el blog fue adquiriendo personalidad propia hasta convertirse en medio de opinión e información de la escena clubbing. Junto a él se fueron abriendo perfiles en Youtube y Facebook conformando un espacio multicanal que intenta reflejar, más allá de la idea inicial, las propuestas y culturas que emergen bajo una bola de espejos. Aquí podrás encontrar noticias, exclusivas, artículos de opinión y entrevistas a los artistas que me parecen más interesantes, independientemente del estilo sónico o de su pertenencia al mainstream más comercial o underground más reducido y marginal.
La música de baile conocida como bakalao se anticipó a la mayoría de la electrónica global como tendencia de consumo frenético, y ha quedado profundamente unida a la historia social de España. Más allá de lo sonoro y lo estético, fue una forma de vida para varias generaciones, inaugurada en los ochenta en nuestro país y que, con sus metamorfosis secuenciales y cambios en barrena, se extendió hasta entrado el nuevo milenio. De hecho, hoy sirve de inspiración tanto a rememoraciones eruditas como a corrientes internacionales comerciales y tremebundas. Valencia, donde nació, y España, donde arrasó, vivieron hasta sus últimas consecuencias el inicio moderno de la música de baile masiva como hipnosis colectiva. Algo que, años después, se magnificó en el resto del mundo. Un torrente popular de energía y ganas de vivir que, bajo el paraguas de diversas vanguardias en un principio y de la masificación callejera del fenómeno después, se convirtió en una revolución juvenil nacida de la nada y contra la nada. Algo que ha cambiado para siempre el concepto de ocio nocturno, convirtiéndolo en una carrera sin freno hacia un presente constante, eterno y desbocado de hedonismo.
Este ensayo periodístico, publicado en 2004 en catalán y ahora actualizado y traducido por primera vez al castellano, es un análisis pionero del fenómeno desde una perspectiva sociológica. Rastrea desde sus inicios, llegando a sus consecuencias y pervivencias, uno de los fenómenos contraculturales más atronadores vividos en nuestro país en las últimas décadas.
No iba a salir y me lie. Un gran viaje por la Ruta del Bakalao
Chimo Bayo, Emma Zafón
Ed. Roca, 2016.
Un revival literario y musical firmado por el mayor exponente de la época. Una narración descarada, descarnada y emocionante en la que los personajes, viejos asiduos de la movida valenciana, buscan resucitar la Ruta del Bakalao una década después de su desaparición.
Un fogonazo a modo de recuerdo despierta a Toni. Sudoroso y aún sobresaltado, mira el reloj del móvil. Mierda. No es 1991 como en su sueño. La Ruta del Bakalao ha muerto y él es un fracasado cuarentón que sobrevive con una exigua prestación de desempleo durante los años de las vacas gordas y la falsa clase alta. En plena vorágine económica, acaba recibiendo el aviso de que uno de sus mejores amigos de juventud ha muerto de una sobredosis. Y es en su funeral cuando coincide con Paco, un viejo amigo que se ha convertido en el deslenguado dueño de un puticlub.
Ambos se dan cuenta de que echan de menos la Ruta del Bakalao. El caso es que la nostalgia que sienten acabará dando paso al germen de la idea más kamikaze que han tenido en la vida: resucitar, con la ayuda de un disc jockey la vieja movida en la sala El Templo, la mítica discoteca que centró el desenfreno de esta Ruta Destroy con su música maquinera.
«Una novela narrada en clave de humor en la que los lectores podrán encontrar elementos de nostalgia y quizás descubran, incluso, algún pasaje que vivieron en primera persona.» Europa Press
«Una narración descarada, descarnada y emocionante.» El diario
«La Ruta del Bakalao no volverá jamás.» 20 minutos
«Reivindica la diversión y libertad de aquellas noches de música y excesos.» Las provincias
«Una ficción que no quiere pasar por alto nada.» Mondo sonoro
“Todos los grandes disc jockeys de España estaban concentrados en 20 kilómetros. Superar eso era muy difícil. Eran grandes técnicos, y yo soy más explosivo. Mientras ellos podían estar tres minutos mezclando una canción para dejarla perfecta, yo estaba de pie encima de los platos, cantando, inventándome consignas y letras, bajando a la pista a bailar con la gente. Lo mío era energía pura y empatizar con el público. Y yo creo que eso es lo que me ha mantenido hasta aquí”, afirma el dj, que actuó en Israel y Japón y vendió, asegura, un millón de copias en 35 países de su gran éxito Así me gusta a mí, publicado en 1991. https://elpais.com/economia/2018/12/22/actualidad/1545496501_532828.html
DESTROY
Carlos Aimeur
Novela, Ed. Drassana.
Valencia, años 90. La movida valenciana ha desaparecido. Comienza a triunfar una nueva forma de ocio, la llamada ruta del bakalao o ruta destroy. En ese ambiente David, un joven de clase media, machista, violento, egoísta, sin problemas familiares aparentes, se deja seducir por los cantos de sirena de una nueva droga, la cocaína, que le llevará a abandonar a su familia y a introducirse en las mafias del narcotráfico. En el otro lado, una joven juez, también de clase media, recién desembarcada en la vida real, casada con un hombre al que no sabe si ama. Ella descubrirá que su mundo de rutinas y seguridades está lleno de grietas y que la vida comienza en ese mismo momento. Relato iniciático y total, de ritmo trepidante, Destroy. El corazón del hombre es un abismo es a la vez canto épico y conclusión realista, coda y final de una época, un thriller que rehuye voluntariamente del tono nostálgico para ser un relato desabrido y honesto que nos retrata la desesperación de unos personajes al límite.
"La Ruta del Bakalao. Chimo Bayo" dentro del proyecto expositivo"Ídolos Pop"en el Muvim de Valencia comisariada por Lluís Fernández, del 28 de noviembre de 2013 al 9 de marzo de 2014 donde se incluía una exposición dentro de la Sala Parpalló titulada .
“Un fenómeno netamente valenciano que logró exportarse internacionalmente”, explica Lluís Fernández, que ha tenido el atrevimiento de meter por primera vez en un museo la estigmatizada ruta. Lo ha hecho insertándola como una muestra en un proyecto expositivo más amplio titulado Ídolos pop, que ofrece una panorámica del pop español y valenciano, de Bruno Lomas a Nino Bravo, del guateque a la discoteca posmoderna. La exposición se inauguró ayer en el Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (Muvim) y se podrá ver hasta el 2 de marzo.
“El tipo de exposiciones que planteo coincide con la idea de este museo, que está volcado en potenciar aquellas cosa que hace la sociedad y no tienen un reflejo artístico inmediato, porque no forman parte de la cultura dominante e institucional. Me interesa la cultura popular y la cultura basura y reivindico que pueda entrar en los museos en pie de igualdad con otras manifestaciones, porque lo importante no es el objeto sino la reflexión que se hace en torno al mismo”, añade el escritor y coleccionista. Ha cedido buena parte de sus fondos de vinilos, carteles y portadas para la exposición, que se inauguró ayer con una actuación del DJ Chimo Bayo, que vendió miles de discos con sus mezclas.
“Los fenómenos siempre son auténticos al principio, pero tiene una doble cara. Porque lo auténtico es minoritario. Y cuando se convierte en un negocio es negativo para mucha gente... No para mí, porque permite mantener el fenómeno”, sostiene el comisario. “Sociológicamente”, añade, “no se puede entender el fenómeno de la ruta sin las drogas. Al principio se tomaba mescalina”, comenta Fernández, sobre el derivado sintético del peyote que inspiró, junto a la luna de Valencia, una popular canción de Los Rebeldes. Loquillo, Bunbury, Pedro Almodóvar o Miguel Bosé fueron algunos de los numerosos famosos que visitaron en alguna ocasión la ruta jalonada por discotecas de resonancias míticas para una generación, hoy ya talludita, como Barraca, Chocolate o Spook Factory.
“Se oía una música que entonces no se oía en ningún sitio, ni en Ibiza, gracias a dj’s como Juan Santamaría, Carles Simó, Toni El Gitano o Fran Lenaers. Otra particularidad era su carácter transversal, interclasista”, sostiene el periodista Joan M. Oleaque, que ha estudiado el fenómeno. “También hay que tener en cuenta que la ruta se benefició de que municipios como Sueca permitieran mantener una discoteca abierta hasta el mediodía. Así se podía recorrer varias”, agrega.
Para hacerlo, era necesario el coche, lo que dio lugar, apunta Fernández, a la “cultura del parking”, antecedente del botellón urbano. El uso del vehículo, por otra parte, originó un problema de siniestralidad cuya repercusión mediática terminaría por significar, con el paso de los años, el fin de la ruta.
"La Ruta del Bakalao sale de la discoteca y entra en el museo" artículo de Ferran Bono publicado el 29 de noviembre de 2013.
"Al finalizar nuestro proyecto "2013" decidimos juntarnos de nuevo cada cinco años para proseguir el trabajo que iniciamos sobre la situación actual española. En ese momento retratamos a 262 personas que nos contaron cómo estaban viviendo la crisis de forma directa, a través de sus propias palabras. En 2018, mediante "Fueras Paraíso", queremos continuar esta labor centrándonos esta vez en el territorio y acotando nuestra búsqueda a un área que creemos que es ejemplo de nuestro presente: la Comunidad Valenciana."
Hace cinco años, Jonás Bel y Rafael Trapiello crearon el proyecto 2013. En el epicentro de la crisis económica, se plantearon fotografiar a una persona cada día laborable, completando los retratos con una ficha que cada retratado rellenaba de su puño y letra en la que expresaba su opinión sobre la situación de aquel momento. Completaron con aquellas fotos un mosaico enorme formado por 262 historias que humanizaban la crisis. Aquellas personas nos representaban a todos mientras pasábamos un momento muy duro. Ahora se plantean tomar otra instantánea del país y esta vez no tan centrada en lo personal, sino más bien en el territorio. Para ello han elegido la Comunidad Valenciana, una zona asolada por la crisis y la corrupción, además de por problemas medioambientales como la desertización. Para ellos la Comunidad Valenciana es un reflejo de toda España. Esta vez el proyecto se llama Fueras Paraíso.
VICE: ¿Cómo definiríais este proyecto y cuál es su origen?Rafael Trapiello y Jonás Bel:Fueras Paraíso tiene tres líneas maestras argumentales que están íntimamente relacionadas entre sí: el cambio climático y la escasez de agua, la transformación territorial y los problemas económicos derivados de la crisis y la posterior transformación económica.
La verdad es que nos encantaría hacer esto periódicamente cada cinco años, como si fuéramos investigadores o científicos. Arrancamos en 2013 centrándonos en las personas y ahora estamos en 2018, fotografiando y hablando de la transformación del territorio. En 2023, si seguimos vivos, ocuparemos un año en volver documentar la situación de nuestro país, de forma diferente pero complementaria con respecto a los dos trabajos anteriores.
¿Cómo os lo estáis montando? Vosotros no vivís en la Comunidad Valenciana, ¿no?Rafael Trapiello: No, pero tenemos una estrecha relación con ella. En mi caso la familia de mi mujer tiene una casa en el campo de Elche. Yo llevo yendo allí todos los veranos desde hace más de doce años. Desde entonces he hecho muchos amigos allí, ¡incluso me casé allí! También ha sido escenario de dos proyectos personales más modestos que el que ahora nos ocupa, uno sobre la presión turística en la Costa Blanca y otro sobre la Dama de Elche.
Al no vivir allí hemos de planificar muy bien los viajes que hacemos para poder hacer un buen mapeo. Afortunadamente hoy existen Google Earth e internet, lo que pone a nuestro alcance unos recursos magníficos para hacer esta planificación, que en parte se debe a la deformación profesional tras años de realizar Nación Rotonda, otro de nuestros proyectos.
Una vez planificado cada viaje, nos vamos unos días (entre tres y cinco) cada mes para poder hacer las fotografías que publicaremos al mes siguiente (publicamos una entrada al día durante todo 2018). Generalmente viajamos solos, aunque alguna vez hemos ido juntos. Tras el viaje viene el proceso de edición y la escritura de los textos, que nos lleva muchísimo trabajo porque requieren muchas horas de investigación sobre los temas que tratamos en cada entrada.
Jonás Bel: Mis padres nacieron en Valencia. Ellos llevan más tiempo viviendo en Madrid que el que vivieron en Valencia pero tengo a todo el resto de mi familia viva y muerta en la capital de la Comunidad Valenciana. He ido desde siempre a Valencia, he pasado largas temporadas allí y la he recorrido bastante bien desde que soy muy pequeño. Mis abuelos paternos y maternos no eran de Valencia, eran de Soria, La Rioja, Castellón y Cataluña, acabaron en esta ciudad por la Guerra Civil, así que no se puede decir que allí estén mis orígenes pero lo que sí es verdad es que este territorio es muy importante para mí. Y sí, en efecto, planificamos el viaje antes de ir, es fundamental. Yo, siempre que puedo, intento dividir el viaje e ir a primeros y a finales de mes.
¿Por qué esta comunidad?Rafael y Jonás: Porque consideramos que es una representación de España a escala. Posee todas las virtudes y defectos del país al que pertenece. Mucho sol, largas playas de fina arena, altas montañas, un enorme patrimonio artístico y cultural... pero también corrupción política, turistificación masiva, excesos inmobiliarios, despoblamiento rural, problemas identitarios...
¿Qué es lo que os estáis encontrando al viajar allí?Rafael y Jonás: La Comunidad Valenciana es la más seca de España. A pesar de las abundantes lluvias de esta primavera en España, sus reservas de agua se encuentran al 30,04 por ciento, 15 puntos por debajo de la media de los 10 últimos años. Alicante es una de las provincias, junto con Murcia y Almería, en riesgo extremo de desertización, según datos del Ministerio de Medio Ambiente. Y sin embargo es la Comunidad Autónoma que tiene un mayor consumo de agua por habitante y día del país, un dato que nos habla claramente de que algo no se está haciendo bien.
Por otro lado tenemos una región con una presión turística brutal. En 2016 la Comunidad Valenciana fue, con 25 millones de visitantes, el tercer destino turístico de España en número de viajeros y pernoctaciones, teniendo en cuenta turismo nacional y extranjero, solamente por detrás de Andalucía y Cataluña.
Es un sector que da muchísimo dinero y tiene un poder gravitatorio gigantesco, pero también es causa de enormes inestabilidades económicas, desequilibrios territoriales y consumo desmedido de recursos como el agua.
La crisis económica ha acentuado más si cabe estos problemas, porque el turístico es el sector económico en el que han tenido que refugiarse muchísimas personas para poder seguir llevando dinero a casa a fin de mes.
Nos encontramos con una realidad que poco tiene que ver con las postales turísticas a las que estamos acostumbrados. Desde los años 60, con el franquismo, la Comunidad Valencia ha vivido y sigue experimentando una transformación extrema.
En aquella época se inició un crecimiento económico basado en el turismo de sol y playa que ha llegado a nuestros días sin prácticamente cambio alguno y ha llevado a esta zona a un momento de agotamiento. Y nosotros buscamos y nos encontramos con esas situaciones que narran este proceso de extenuación de una región que en muchas zonas empieza a asemejarse a un desierto.
El proyecto tiene mucha forma de diario de viaje, ¿no? Un viaje en el que de alguna forma os dejáis llevar.Rafael y Jonás: Quizás puede dar la sensación a veces de azaroso, pero en realidad hay mucha preparación detrás. Tenemos intención de fotografiar los 22 embalses de la Comunidad Valenciana, las instalaciones más relevantes de generación de energía eléctrica, los centros turísticos y ciudades más importantes, los parques naturales, las zonas con mayor peligro de despoblamiento a corto y medio plazo y aquellos lugares en los que los efectos del calentamiento global son ya evidentes (zonas afectadas por grandes incendios, riadas, erosiones costeras por efecto del aumento del nivel del mar, etc.), todo esto en un total de doce viajes, cuatro a cada una de las tres provincias.
Así, todos estos lugares de los que hablamos son puntos de obligada visita en el mapa. Pero sí es cierto que frecuentemente nos encontramos con muchas historias en el trayecto que no conocíamos y que merecen ser contadas. Digamos que, por cuantificarlo, más o menos la mitad de las imágenes que tomamos tienen origen en el viaje en sí, y no en la preparación del mismo.
Hemos dejado en vuestras manos que nos hicierais una selección de imágenes del proyecto, ¿por qué habéis elegido estas y no otras?Rafael y Jonás: Las imágenes que nos suelen gustar tienden a ser más metafóricas que descriptivas. Hacer una selección reducida de diez o quince a estas alturas del proyecto (ya hemos completado la mitad del mismo) empieza a ser difícil por la enorme cantidad de material producido. Hemos escogido aquellas fotos que a nuestro juicio ilustran mejor las líneas maestras del proyecto que antes hemos mencionado (escasez de agua, turismo y poscrisis).
Los criterios tienen que ver más con cómo funcionan entre sí, como se interrelacionan estas imágenes, que por las historias que individualmente contiene cada una de ellas. Si queréis saber la historia que hay detrás de cada una de ellas os recomiendo buscarlas en la web del proyecto, en Facebook o en Instagram. Cada foto que publicamos lleva asociado un texto que nos ayuda a comprender su contexto.
Y para acabar, ¿por qué el nombre de Fueras Paraíso?Rafael y Jonás: En origen pensamos en llamarlo Fuiste Paraíso, pero no nos gustaba el portazo que daba el pasado en el verbo ser. El subjuntivo nos habla de un momento pasado pero también del presente, nos abre la posibilidad de volver a ver un Paraíso en la Comunidad Valenciana, si se dan los pasos atrás necesarios. "Fuiste Paraíso" sería un poco muerte y destrucción. Nos sentíamos más cómodos dejando espacio para cierta esperanza.
Entrevista extraída de VICE, realizada por Juanjo Villalba y publicada el 4 de julio de 2018.