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viernes, 12 de junio de 2020

La ropa cani (el retorno)


Rottweiler, DJ’s Band, W2P… ¿Qué fue de las marcas que vistieron a la generación ‘cani’? Recordamos el éxito (y caída) de las firmas que, herederas de la estética bakala, vistieron a los jóvenes de los dos mil y empapelaron con sus logos institutos y discotecas.
Reportaje de Carlos Megía el 7 de junio 2020 para ICON El País.
https://elpais.com/elpais/2020/06/03/icon/1591205859_965050.html

Eran tiempos de Messenger y Fotolog, de la Radical y el Motorola Razr, de la sucesión de mayúsculas y minúsculas en la misma palabra. De peinado a lo cenicero, cejas surcadas por la maquinilla, cadena de oro, piercings y aros en la oreja. De scooter y casco con estampado tribal, pero colocado a la altura del codo para no estropear el laborioso estilismo capilar. El chándal monocolor de Nike dejaba paso a camisetas, chaquetas, vaqueros o pantalones anchos tobilleros de Rottweiler, Dj’s Band, W2P, Foam Gum, El Niño Tarifa, Sonique o No Fear. La actitud provocadora se manifestaba también en aquellas insípidas carpetas azules de cartón decoradas por las pegatinas del logo de la firma en cuestión. Looks siempre conjuntados, tonos estridentes –cuanto más dañinos a la vista, mejor–, y las Salomon o las Puma Sparco como objeto de deseo en los pies. Entre finales de los noventa y principios de los dos mil, un puñado de marcas de moda consiguieron vestir a toda una generación representando la –durante años– denostada estética calificada como cani, pokera o makinera. Hoy, cuando las llamas de aires tribales han llegado incluso a enseñas como Prada, rendimos homenaje a las firmas que nos enseñaron a presumir de espíritu ‘malote’.

“La estética cani fue un intento de estirar y romantizar ese momento de liberación de los jóvenes ‘por la fuerza’. Se adaptó la escena a la aparición de las redes sociales, los móviles y el chuleo”, cuenta la diseñadora Alejandra Jaime Mendoza, que hace pocos años consiguió hacerse un nombre en la industria nacional con la firma María Magdalena –ya desaparecida–, que referenciaba sin complejos aquellos looks. Nacida en 1990, la onubense vivió en primera persona el auge de esta mutación del movimiento bakala de los noventa.

Daniel González, diseñador gráfico especializado en diseño de camisetas y estampación textil, acababa de salir de la escuela de ilustración cuando entró a trabajar en 2007 en una en una Rottweiler crepuscular que por aquel entonces pertenecía al desaparecido grupo Code Bleu, propietario asimismo de otras firmas superventas como Foam Gum, Dj’s Band o Sonique. “Estas marcas apuntaban a los canis, una tribu social concreta. Eran para gente de clase media porque no eran muy caras, podían permitírselas chavales de barrio. Aprovecharon el auge de las discotecas de electrónica y a partir de ahí empezaron a triunfar”, recuerda al otro lado del teléfono.

El éxito de estas marcas invadió primero los aparcamientos de las macrodiscotecas en mañanas de rave, pero después llegaron hasta los botellones de los polígonos de cada ciudad española y hasta los pasillos de los institutos, descontextualizando su vocación electrónica y consiguiendo que toda una generación se identificara con ellas. La búsqueda de una identidad definida y compartida fue la principal razón que propicio su éxito y asimilación. “Necesitábamos enmarcarnos en un estilo concreto y esas marcas supieron verlo. Eran fácilmente identificables y ofrecían descaro y chulería, no era una pose ñoña. En aquel momento las etiquetas eran importantes y las defendíamos, no como ahora. Era una moda muy fanática”, afirma Jaime Mendoza. Daniel Pérez, del blog de cultura retro Retropica, cree que su éxito responde más a una cuestión circunstancial: “Esas marcas de ropa se convirtieron en la base estética del movimiento, que tuvo mucho seguimiento y una estética marcada. De ahí su triunfo”, declara.

La identificación también se moldeaba en cuanto al antagonismo con la otra tribu social predominante de la época –y de todas las épocas–, los pijos. “Tenías que dejar claro de qué equipo eras: o malote o niño de papá, no había mucho espectro. Las marcas eran la forma de reconocer de un vistazo si iban contigo o contra ti. Fue un tiempo de muchas peleas en fiestas, mucha confrontación… y también de desinhibición”, aclara la diseñadora. De ahí que los logos y los estampados (diablos amenazantes, rottweilers rabiosos o fantasmas con pinta de espermatozoides) tuvieran una especial presencia en las prendas. Ellos tiraban de chándal monocolor, mejor si era blanco y estaba firmado por Nike. Ellas dejaban el tanga flúor a la vista y medían su nivel de ‘malotismo’ en función del tamaño de la campana del pantalón.

Como confiesa González, los grandes éxitos de firmas como Rottweiler eran las camisetas, los polos y pantalones de chándal. “No nos daban unas grandes pautas a la hora de diseñar, un jefe de diseño nos iba orientando y en base a los historiales de prendas que se habían vendido bien intentábamos hacer cosas similares”. Años antes de que el branded content fuera un concepto habitual en las oficinas de los ejecutivos de marketing, estas empresas impulsaron sus marcas con pegatinas que ilustraron las carpetas de millones de estudiantes, cedés recopilatorios e incluso fiestas temáticas.

Tan meteórico fue el éxito como la caída. Los templos del techno cerraron sus puertas, la música se fue a otra parte y las prendas dejaron de tener un sitio en las estanterías de El Corte Inglés. La tendencia no superó la primera década de este siglo y las firmas desaparecieron de manera sistemática y sin remedio. “Pasó su época”, sostiene el diseñador gráfico sobre su incapacidad a la hora de reinventarse, que también pone el foco en la cuestionable calidad de su catálogo: “No supieron actualizarse con los tiempos ni hacer ropa de calidad. No tenían muy buenos tejidos ni buenos patrones, no eran marcas del todo óptimas”. “No definieron una identidad propia, básicamente copiaban lo que veían que fuera funcionaba a un precio menor y sus producciones propias no eran reseñables”, agrega Pérez. De las mencionadas, solo No Fear (centrada en el motocross) y El Niño Tarifa persisten relevantes hoy en día, esta última más enfocada al ambiente surfero y la ropa infantil.
La transformación del sector textil y el asentamiento del low cost también tuvo parte de culpa en la precipitada desaparición de estas firmas de precio medio, incapaces de hacerle la competencia a las franquicias de vocación juvenil de estos gigantes. La especificidad del público objetivo de estas etiquetas terminó suponiendo su sentencia. “Cubrieron las necesidades de un momento particular. Aquellos adolescentes crecieron y dejaron atrás el ‘uniforme fiestero’ para adoptar una imagen que encajara más con el mercado laboral. En general, la moda era menos flexible, encasillaba, y la gente aún vestía según la edad. Ahora eso ha cambiado”, explica Alejandra Jaime, que concluye corroborando cómo, gracias al paso del tiempo y a la transformación de la vergüenza ajena en nostalgia, las marcas actuales se han dejado influir por las pasadas.

“La moda es cíclica y justo en este momento los guiños a la moda bakala tienen más fuerza que nunca. Desde hace años hay tribales y llamas por todos lados, y llegan los pantalones anchos de nuevo”. Quizá dentro de no tanto tiempo sea el momento de volver a lucir esas prendas de W2P, Dj’s Band o Rottweiler que una vez coparon tu armario. Si es que el sonrojo que te provocaron aquellas fotos de las que abjuraste, y que presumían de decenas de ‘Me gusta’ en tu cuenta de Tuenti, no te llevaron a deshacerte de ellas.

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domingo, 5 de enero de 2020

Lucía Padin y 'Livin Savage'


Después de publicar un post sobre La Dani hace un tiempo, continuamos en Málaga de la mano de las fotografías de la increíble Lucía Padin que aquí os presentamos junto a las de otros componentes de la marca y colectivo junto a sus compañeros Livin Savage.



Cuando pienso en el barrio se me vienen a la cabeza las Nikes Shoxs y las cadenas de oro con el escudo del Málaga. Las zonas de la tradición: de la gloria y de la derrota. La zona de los pobres, de los jazmines en flor, de los parques fresquitos en verano con sus fuentes y los globos de agua tan hinchados que amenazan con explotar en tus propias manos, los hombres sin dentadura tomando Victorias frías, como si la vida dependiera de esos pequeños momentos, las madres y las flores; y los perros. Las sardinas en la Misericordia o en el Palo. Las peñas, los equipos de fútbol, los chándales, los insultos, los besos, las pintadas, los sueños de futuro lejos de esta plaza, de este lugar inerte (…). En fin, cuando hablo de barrio, en concreto de barrio malagueño, quiero aludir de forma directa a la Identidad y a la Realidad de la ciudad.

Livin Savage es un colectivo de personas que surge bajo la agradable estampa de la vida relajada de barrio, las noches veraniegas y las reuniones en las plazas o en los parques. Es imposible centralizar la creación de este grupo de jóvenes en una sola cosa porque la esencia de la misma reside en la diversificación de su producción. “Cada uno hace lo que mejor sabe hacer” es una de sus máximas. Que su fundación surja de forma relajada no significa que su producción lo sea: fanzines, fotografía, moda, serigrafía o carteles son algunas de las cosas que podemos encontrar en sus redes sociales. Siempre es un placer para nuestra ciudad que las nuevas generaciones de jóvenes estén activas y luchen por dignificar su papel cultural.

Extracto de la entrevista publicada en Staff Magazine el 23 de agosto de 2019.



 "El barrio es donde se concentra toda la esencia, donde el legado se transmite de generación en generación, es el que te cría y en el que te curtes. Como bien dices, en Málaga determinados barrios tienen un carácter histórico, como es El Perchel o Huelin. Es una pena que esto se vaya perdiendo y la gentrificación golpee tan duro. En Huelin, en Calle Arganda, cada vez es más complicado ver a señoras en corro tomando la fresca en las noches de verano y ya hay varios Airbnb… La gente de aquí que está destinando las antiguas casas de sus familiares al alquiler vacacional debería tomar conciencia y reflexionar sobre lo que está haciendo, ya que están cegados por el dinero fácil de esta horrible práctica amparada por la ley."


jueves, 24 de enero de 2019

Colección 'Integración' de "María Magdalena"










Más info fotos y videos de la colección Integración de María Magdalena en los siguientes enlaces:











¿Quién mató a la choni española?

A la izquierda, look de Maria Simún, la diseñadora de las traperas españolas. Centro, imagen de instagram de Cariatydes, derecha, look de la firma sevillana Maria Magadalena. FOTO: INSTAGRAM/MARÍA MAGDALENA

¿Quién mató a la ‘choni’ española? 
La estética y la oda a la mujer de barrio inunda las tendencias en moda y cultura mientras el adjetivo peyorativo cae en desuso por las nuevas generaciones.

Un reportaje de Noelia Ramírez para SModa publicado el 8 de noviembre de 2018.
https://smoda.elpais.com/moda/quien-mato-a-la-choni-espanola/

“No me seas choni”. En el último True Story de Anabel Lorente, conocida en redes como @catana3el por sus miniclips ilustrados sobre vivencias cotidianas con perspectiva de género, la protagonista se enfrenta a un dilema moral aparentemente simple: comprarse (o no) unos pendientes de aro rizados en Bershka. “Son de choni”, dice a su pareja mientras lucha interiormente con los prejuicios que el resto puede proyectar sobre su imagen si se los pone. Dilema existencial que resuelve con el sonido de una caja registradora acallando a sus miedos y una rumba de Peret a todo trapo.

“Ser choni no es malo de por sí”, aclara Alonso por teléfono, “se convierte en algo negativo cuando se utiliza como ofensa desde una clase más acomodada hacia otra que considera inferior”, añade. Alonso, hija de mestiza y “criada en un ambiente entre andaluz y gitano”, asegura que, pese a una raíces que le permiten “tener un contexto para poder hablar de ello sin ser clasista”, creció asumiendo que ser choni era “un especie de estigma”. La duda de Anabel en el Bershka cuenta con casi 10.000 likes en Twitter y se ha convertido en el post que, hasta la fecha, mejor le ha funcionado en Instagram. Miles de mujeres se han identificado con ese rechazo a ese “estigma” femenino. Las más jóvenes, más liberadas de prejuicios, lo comparten aplaudiendo por no atender a las imposiciones de estilo. Las mayores de 30, posiblemente, porque celebran ese portazo a un inconsciente que les recuerda que en su adolescencia nadie quería ser una choni. Ese era el adjetivo para humillar y señalar a mujeres de entornos obreros y sin acceso a la educación superior, a esas chicas que cometían la osadía de brillar a su manera, libres de los parámetros de la policía del decoro, la formalidad y la corrección acorde a las buenas chicas. “No me seas choni”, esa comparativa, se percibía entonces como un agravio. La RAE, de hecho, incluyó la acepción en 2014 y la limitó a un solo género (no hay hombres chonis para los académicos) como “mujer joven que pretende ser elegante e ir a la moda, aunque resulta vulgar”.

Pero, ¿qué ocurre cuando la moda, ya sea desde el lujo o desde el low cost para el pueblo llano, parece haberse puesto de acuerdo para inspirarse en (o apropiarse de) la estética de lo vulgar y del barrio? ¿Qué pasa cuando los referentes musicales y aspiracionales de toda una nueva generación visten con chándal y aros rizados –ahí está la imagen de Cardi B. anunciando su colaboración con Reebok–, plataformas, crop tops y llevan uñas de gel? ¿Cuando la educación sentimental de las chavalas se cultiva a través del estilo y jerga de las divas de barrio? ¿Tiene sentido, entonces, hablar de “chonis” hoy en día en términos ofensivos?

Cardi B, la nueva mujer maravillas de la moda: además de su contrato con Fashion Nova, acaba de estrenar otro como imagen de Reebok Classics. FOTO: CORTESÍA DE REEBOK

“El concepto ‘choni’ ha cambiado con respecto a las generaciones previas a la actual (o millennial). Es una palabra mucho menos utilizada por los jóvenes actuales y no creo que la vean peyorativa”, defiende Alicia Álvarez, doctora en comunicación y codirectora de uno de los fenómenos culturales del año, El Bloque, el programa sobre trap y cultura urbana que la televisión convencional, inexplicablemente, todavía no se atreve a producir y emitir. Álvarez, que también ejerce como directora creativa de Radio Primavera Sound, asegura que lo choni se ha vaciado de significado por “un cambio en el lenguaje” en una “generación de nativxs digitales” cuya “brecha que les separa de la generación anterior es mucho más grande, global, acelerada y mutante en sí misma”.

Una nueva hornada que escucha a La Zowi, se inspira en los maquillajes de Cariatydes y asiste al encumbramiento de Rosalía como paradigma total de este fenómeno: el mercado explota su imagen sabiendo que funciona igual de bien siendo imagen puntual de cosmética del lujo como YSL Beauty que como protagonista de una colección cápsula para Pull and Bear. Álvarez señala que la confirmación de la estetización global de la choni llegó cuando Riccardo Tisci encumbró a las cholas en su colección Victorian Chola para Givenchy en 2015. El fenómeno Kardashian, el trap, la fijación del lujo imitando a firmas nicho que ensalzaban la cultura del gueto como Hood by Air en Nueva York o Andrea Crews en París, el athleisure como tendencia global, Virgil Abloh consolidando el estilo de la calle hasta en Louis Vuitton, la exclusividad de Fendi viralizando sudaderas que imitan el logo de Fila, el encumbramiento de iconos pop de ex strippers como Cardi B o Amber Rose, así como el despegue millonario de firmas como Fashion Nova –el Zara que imita el estilo de las chicas de barrio fue la cuarta marca más buscada en 2017 por detrás de Chanel, Gucci o Louis Vuitton– han ido cocinado parte del resto. ¿La última señal de que las calles marcan la pauta? Que un diseñador como Kerby Jean-Raymond, que mezcla activismo y herencia urbana afroamericana en su firma Pyer Moss, se haya hecho con el prestigioso premio CFDA en EEUU hace apenas unos días.

En España, firmas como Maria Ke Fisherman, Krizia Robustella o Maria Escoté han triunfado con su reinterpretación y pastiche de los símbolos de distintas tribus urbanas de las últimas décadas: creaciones influenciadas por el hip hop, el chonismo o lo bakala. María Simún, con sus diseños a lo Yeezy, es la creativa favorita de las artistas del trap. Lo marginal se convierte en tendencia adaptándose a nuevos tiempos. Alejandra Jaime, diseñadora sevillana y creadora de la firma Maria Magdalena, que también bebe de este tipo de estética, rechaza la persistencia de la choni y apuesta por una transformación generacional del concepto en sí. “Una choni o una cani (como decimos aquí en Andalucía) me traslada directamente a los 2000, y define un tipo de mujer que en aquella época solía ir vestida de leopardo y dando voces por la calle, enemiga principal de las pijas y sin ningún problema para tirarles de los pelos porque sí en una fiesta”, destaca. La transformación de lo peyorativo del término, para Jaime, es un hecho. “Ya prácticamente no existe. Ha desaparecido por la evolución social. Y ahora yo aplico el término de manera totalmente positiva. Creo que nos hemos quedado con una parte muy beneficiosa para la mujer de lo que significaba ser choni. Creo que ahora eso significa que no tienes que ser perfecta ni seguir los cánones de belleza, de moda, sociales o culturales, y que te permites ser borde con quien no te respeta y vives tu sexualidad con la mayor de las libertades”, defiende.

Uno de los looks de la colección ‘Integración’ de Maria Magdalena. FOTO: CORTESÍA DE ALEJANDRA JAIME

Una evolución de empoderamiento que también se percibe en el mundo del trap. Álvarez asegura que, en el género, a las chonis ni se las menciona ni se las espera. “En las letras de canciones no se utiliza la palabra “choni”, personalmente cuando escucho la palabra viene de alguien mayor de 35 años (y sí, suele ser de forma despectiva)”, aclara y resalta que “en las canciones actuales se utiliza sobre todo ‘ratchet’, y no solo en las letras sino en las entrevistas. La Zowi por ejemplo utiliza mucho esta palabra y me parece super-representativa; suele repetir en sus letras “mis ratchets”, “mis bitches”, mis “putas”, mis “hoes” en referencia a su “gang” (grupo de amigas); también se podría teorizar sobre su uso de la palabra “puta” por cierto, y de cómo Zowi la ha re-conceptualizado”, aclara. Ellos tampoco parecen tener preferencia por el adjetivo: “Hay un tema de Yung Beef titulado Ratchet Luv (Amor de Yoli) que me hace pensar en un paralelismo entre choni, ratchet y yoli (podríamos extraer del título de la canción que ratchet y yoli son equivalentes). De todas formas creo que “ratchet” tiene un significado más de empoderamiento que la palabra “choni”; diría que choni es algo más genérico y que ratchet se utiliza para designar a las mujeres-gangster o las mujeres rodeadas de un halo de peligrosidad (también vinculadas al lujo en cierta medida), tanto desde la actitud como desde la imagen. Si te fijas en la estética de Rosalía es innegable que tiene un aire ratchet (o raxeta, como el título del primer tema de la Zowi)”.



“La RAE se ha quedado choni -desfasada- en la definición del vocablo”, sentencia la periodista María Irazusta (autora de Eso lo será tu madre y Las 101 cagadas del español, ambos editados por Espasa). “La choni auténtica no pretende seguir la moda sino ‘su moda’ que, en ocasiones, fue moda para otras tribus (como la de los pijos) años atrás”, defiende. Irazusta asegura que lo choni ahora se exhibe “con orgullo”, aunque “tímidamente”. Álvarez también apoya una evolución positiva, aunque con reservas frente a una asimilación total sin clasismo o condescendencia. “El hecho de que palabras como “ratchet” o “chola” estén de moda y sean algo cool entre la nueva generación me parece un camino perfecto y una oportunidad para acortar determinadas distancias entre clases –tal y como lo es que Bershka esté de moda (no olvidemos que Princess Nokia es imagen de Bershka y Bershka es uno de los sponsors de un festival como Sónar)–, pero que para que dejemos de ser clasistas o se dejen de usar palabras como “choni” o “ratchet” de forma peyorativa el cambio social y educativo ha de ser mucho más profundo”. La diseñadora Alejandra Jaime lo resume de forma ilustrativa: “Los que consideren ofensivo el término simplemente no entenderán esta visión renovada y tendrán ese concepto del 2000. Supongo que también tiene que ver con esa tiranía con la mujer. La gran parte de la sociedad quiere seguir fabricando a princesas delicadas y casi virginales”.



Perfiles recomendados de @instagram

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sábado, 21 de febrero de 2015

"El 'falso bakala' y la vuelta del adolescente a la moda" por Dean Kissick. Fotografías Alasdair McLellan

 El 'falso bakala' y la vuelta del adolescente a la moda
¿Qué es el "falso bakala" y de dónde viene? Hoy en i-D te contamos la historia del día en que el fútbol y el 'skate' se encontraron. 

¿Pero qué demonios llevo puesto? Cómo… ¿Cómo? Es lo que a veces me pregunto cuando me miro al espejo pero, últimamente, mi caótica imagen se ha empezado a convertir en una especie de uniforme de los jóvenes de mi generación. Se llama algo así como "lad casual" o "falso bakala" (es decir, un chaval confuso que se pone un poco de todo). Seguro que sabéis de lo que hablo porque ya se ha expandido por todo el país; es una especie de combinación de gorras Supreme con camisetas Umbro, zapatillas Reebok (o similares) y un especial amor por el fútbol (aunque sea impostado) y, sobre todo, por beber en bares. Muchos de los que lo llevan son amigos míos y me encanta su estilo (ya que yo también lo adopto en mi día a día), simplemente me preguntaba de dónde venía.

A pesar de que esta estética está muy influenciada por los skaters de la costa este americana y los jóvenes ingleses de los suburbios en los 90, también tiene un punto de chicos que escuchan "deep house" con vaqueros pitillo recortados, camisetas básicas y zapatillas Free Run. Uno de mis mejores amigos dijo una vez: "Esos tíos que llevan zapatillas Nike, camisetas de tirantes y que bailan con tanto 'swag' deberían irse a la mierda y no volver", y aunque es cierto que detesto sus bailecitos y esa música -que es sencillamente horrorosa- tengo que admitir que me encantan sus zapatillas.

Ambos armarios tienen en común es una estética muy fresca que se centra la comodidad y el deporte. Me parece una buena tendencia aunque a algunos les pueda parecer una versión aniñada de la edad adulta como dice el escritor Clive Martin: "El nuevo choni es un movimiento que supone una antítesis a la idea de que a cierta edad nos tenemos que dejar crecer la barba, beber vino caro y vestirnos como leñadores. Este nuevo tipo de chico se afeita, es limpio y bebe latas de cerveza en la calle. No importa dónde sea la fiesta, es un chico informal que se adapta a lo que sea; una especie de retorno adolescente a la idea de masculinidad".



El "lad casual" es algo totalmente opuesto al hipster barbudo que parece abundar tanto últimamente y aunque me parezca genial que preparen un café delicioso y sepan tanto de queso suizo, no me pienso vestir como si fuese un pueblerino de principios del siglo XX ni pienso dejarme barba, ni bigote y, por supuesto, no tengo en mente llevar camisas de franela o poner una mesa de madera virgen en el salón. En realidad, es un universo de lo más misógino pero pretende ocultarlo tras un halo de ironía para demostrar que no lo es… Así que no puedo alegrarme más de que, al fin, los hombres empiecen a aparcar sus parkas de Barbour para dar paso a una nueva ola más moderna y joven.

La actitud de los nuevo bakalas es algo distinta a la de los chicos de los 90 (que eran ruidosos, groseros y deseaban haber nacido en Valencia. Los nuevos chonis son limpios, más ordenados y educados, se abrochan bien los pantalones y no creemos que vayan a estamparte una botella de cerveza en la cabeza. Su look es una mezcla entre la estética de los skaters y la de las clases obreras, que son una de las referencias principales. Palace es una de las marcas de streetwear (junto con la todopoderosa Nike, que nunca ha desaparecido) con más influencia ahora mismo y su reciente colaboración con Umbro ha significado un momento clave para el regreso de una tendencia algo olvidada. ¿Quién iba a llegarse a imaginar que la esencia del skate iba integrarse tan bien en una camiseta de fútbol?
Durante la última década, los estereotipos de la masculinidad en el fútbol se han descodificado por completo. La imagen del "macho" se ha derrumbado por completo por personajes como Cristiano Ronaldo o el elenco al completo de Gandia Shore: tíos musculados, depilados y bronceados. Ahora puedes convertirte en un icono de la moda con uno pitillos bien apretados y una camiseta con cuello en 'V' (una 'V' muy profunda por desgracia).


¡Los jóvenes de hoy están confusos! Podemos culpar a los padres, a los dependientes de H&M, a la FIFA o a David Beckham, pero no hay nada que hacer. Nadie debería echar de menos los tiempos en que los aficionados al fútbol y los skaters se peleaban sin parar. El bakala casual es una mezcla muy agradable de varias subculturas; tiene una gran connotación de violencia de las tribus urbanas adolescentes pero a la vez respira muchísima paz. Además, ya no tienes que ser un bakala para llevar este tipo de ropa ni tienes que saber hacer ollies con el monopatín. 

Texto: Dean Kissick
Fotografías: Alasdair McLellan
http://www.alasdairmclellan.com/
9 de febrero de 2015
i-D Vice 
1 Comment sobre el artículo publicado en i-D Vice:
Más fotografías de Alasdair McLellan: 


 Montaje expositivo en 032c Gallery, Berlin, 2012.

 Páginas del libro "Ultimate Clothing Company"
Más info e imágenes en la web de Alasdair McLellan.