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jueves, 24 de enero de 2019

¿Quién mató a la choni española?

A la izquierda, look de Maria Simún, la diseñadora de las traperas españolas. Centro, imagen de instagram de Cariatydes, derecha, look de la firma sevillana Maria Magadalena. FOTO: INSTAGRAM/MARÍA MAGDALENA

¿Quién mató a la ‘choni’ española? 
La estética y la oda a la mujer de barrio inunda las tendencias en moda y cultura mientras el adjetivo peyorativo cae en desuso por las nuevas generaciones.

Un reportaje de Noelia Ramírez para SModa publicado el 8 de noviembre de 2018.
https://smoda.elpais.com/moda/quien-mato-a-la-choni-espanola/

“No me seas choni”. En el último True Story de Anabel Lorente, conocida en redes como @catana3el por sus miniclips ilustrados sobre vivencias cotidianas con perspectiva de género, la protagonista se enfrenta a un dilema moral aparentemente simple: comprarse (o no) unos pendientes de aro rizados en Bershka. “Son de choni”, dice a su pareja mientras lucha interiormente con los prejuicios que el resto puede proyectar sobre su imagen si se los pone. Dilema existencial que resuelve con el sonido de una caja registradora acallando a sus miedos y una rumba de Peret a todo trapo.

“Ser choni no es malo de por sí”, aclara Alonso por teléfono, “se convierte en algo negativo cuando se utiliza como ofensa desde una clase más acomodada hacia otra que considera inferior”, añade. Alonso, hija de mestiza y “criada en un ambiente entre andaluz y gitano”, asegura que, pese a una raíces que le permiten “tener un contexto para poder hablar de ello sin ser clasista”, creció asumiendo que ser choni era “un especie de estigma”. La duda de Anabel en el Bershka cuenta con casi 10.000 likes en Twitter y se ha convertido en el post que, hasta la fecha, mejor le ha funcionado en Instagram. Miles de mujeres se han identificado con ese rechazo a ese “estigma” femenino. Las más jóvenes, más liberadas de prejuicios, lo comparten aplaudiendo por no atender a las imposiciones de estilo. Las mayores de 30, posiblemente, porque celebran ese portazo a un inconsciente que les recuerda que en su adolescencia nadie quería ser una choni. Ese era el adjetivo para humillar y señalar a mujeres de entornos obreros y sin acceso a la educación superior, a esas chicas que cometían la osadía de brillar a su manera, libres de los parámetros de la policía del decoro, la formalidad y la corrección acorde a las buenas chicas. “No me seas choni”, esa comparativa, se percibía entonces como un agravio. La RAE, de hecho, incluyó la acepción en 2014 y la limitó a un solo género (no hay hombres chonis para los académicos) como “mujer joven que pretende ser elegante e ir a la moda, aunque resulta vulgar”.

Pero, ¿qué ocurre cuando la moda, ya sea desde el lujo o desde el low cost para el pueblo llano, parece haberse puesto de acuerdo para inspirarse en (o apropiarse de) la estética de lo vulgar y del barrio? ¿Qué pasa cuando los referentes musicales y aspiracionales de toda una nueva generación visten con chándal y aros rizados –ahí está la imagen de Cardi B. anunciando su colaboración con Reebok–, plataformas, crop tops y llevan uñas de gel? ¿Cuando la educación sentimental de las chavalas se cultiva a través del estilo y jerga de las divas de barrio? ¿Tiene sentido, entonces, hablar de “chonis” hoy en día en términos ofensivos?

Cardi B, la nueva mujer maravillas de la moda: además de su contrato con Fashion Nova, acaba de estrenar otro como imagen de Reebok Classics. FOTO: CORTESÍA DE REEBOK

“El concepto ‘choni’ ha cambiado con respecto a las generaciones previas a la actual (o millennial). Es una palabra mucho menos utilizada por los jóvenes actuales y no creo que la vean peyorativa”, defiende Alicia Álvarez, doctora en comunicación y codirectora de uno de los fenómenos culturales del año, El Bloque, el programa sobre trap y cultura urbana que la televisión convencional, inexplicablemente, todavía no se atreve a producir y emitir. Álvarez, que también ejerce como directora creativa de Radio Primavera Sound, asegura que lo choni se ha vaciado de significado por “un cambio en el lenguaje” en una “generación de nativxs digitales” cuya “brecha que les separa de la generación anterior es mucho más grande, global, acelerada y mutante en sí misma”.

Una nueva hornada que escucha a La Zowi, se inspira en los maquillajes de Cariatydes y asiste al encumbramiento de Rosalía como paradigma total de este fenómeno: el mercado explota su imagen sabiendo que funciona igual de bien siendo imagen puntual de cosmética del lujo como YSL Beauty que como protagonista de una colección cápsula para Pull and Bear. Álvarez señala que la confirmación de la estetización global de la choni llegó cuando Riccardo Tisci encumbró a las cholas en su colección Victorian Chola para Givenchy en 2015. El fenómeno Kardashian, el trap, la fijación del lujo imitando a firmas nicho que ensalzaban la cultura del gueto como Hood by Air en Nueva York o Andrea Crews en París, el athleisure como tendencia global, Virgil Abloh consolidando el estilo de la calle hasta en Louis Vuitton, la exclusividad de Fendi viralizando sudaderas que imitan el logo de Fila, el encumbramiento de iconos pop de ex strippers como Cardi B o Amber Rose, así como el despegue millonario de firmas como Fashion Nova –el Zara que imita el estilo de las chicas de barrio fue la cuarta marca más buscada en 2017 por detrás de Chanel, Gucci o Louis Vuitton– han ido cocinado parte del resto. ¿La última señal de que las calles marcan la pauta? Que un diseñador como Kerby Jean-Raymond, que mezcla activismo y herencia urbana afroamericana en su firma Pyer Moss, se haya hecho con el prestigioso premio CFDA en EEUU hace apenas unos días.

En España, firmas como Maria Ke Fisherman, Krizia Robustella o Maria Escoté han triunfado con su reinterpretación y pastiche de los símbolos de distintas tribus urbanas de las últimas décadas: creaciones influenciadas por el hip hop, el chonismo o lo bakala. María Simún, con sus diseños a lo Yeezy, es la creativa favorita de las artistas del trap. Lo marginal se convierte en tendencia adaptándose a nuevos tiempos. Alejandra Jaime, diseñadora sevillana y creadora de la firma Maria Magdalena, que también bebe de este tipo de estética, rechaza la persistencia de la choni y apuesta por una transformación generacional del concepto en sí. “Una choni o una cani (como decimos aquí en Andalucía) me traslada directamente a los 2000, y define un tipo de mujer que en aquella época solía ir vestida de leopardo y dando voces por la calle, enemiga principal de las pijas y sin ningún problema para tirarles de los pelos porque sí en una fiesta”, destaca. La transformación de lo peyorativo del término, para Jaime, es un hecho. “Ya prácticamente no existe. Ha desaparecido por la evolución social. Y ahora yo aplico el término de manera totalmente positiva. Creo que nos hemos quedado con una parte muy beneficiosa para la mujer de lo que significaba ser choni. Creo que ahora eso significa que no tienes que ser perfecta ni seguir los cánones de belleza, de moda, sociales o culturales, y que te permites ser borde con quien no te respeta y vives tu sexualidad con la mayor de las libertades”, defiende.

Uno de los looks de la colección ‘Integración’ de Maria Magdalena. FOTO: CORTESÍA DE ALEJANDRA JAIME

Una evolución de empoderamiento que también se percibe en el mundo del trap. Álvarez asegura que, en el género, a las chonis ni se las menciona ni se las espera. “En las letras de canciones no se utiliza la palabra “choni”, personalmente cuando escucho la palabra viene de alguien mayor de 35 años (y sí, suele ser de forma despectiva)”, aclara y resalta que “en las canciones actuales se utiliza sobre todo ‘ratchet’, y no solo en las letras sino en las entrevistas. La Zowi por ejemplo utiliza mucho esta palabra y me parece super-representativa; suele repetir en sus letras “mis ratchets”, “mis bitches”, mis “putas”, mis “hoes” en referencia a su “gang” (grupo de amigas); también se podría teorizar sobre su uso de la palabra “puta” por cierto, y de cómo Zowi la ha re-conceptualizado”, aclara. Ellos tampoco parecen tener preferencia por el adjetivo: “Hay un tema de Yung Beef titulado Ratchet Luv (Amor de Yoli) que me hace pensar en un paralelismo entre choni, ratchet y yoli (podríamos extraer del título de la canción que ratchet y yoli son equivalentes). De todas formas creo que “ratchet” tiene un significado más de empoderamiento que la palabra “choni”; diría que choni es algo más genérico y que ratchet se utiliza para designar a las mujeres-gangster o las mujeres rodeadas de un halo de peligrosidad (también vinculadas al lujo en cierta medida), tanto desde la actitud como desde la imagen. Si te fijas en la estética de Rosalía es innegable que tiene un aire ratchet (o raxeta, como el título del primer tema de la Zowi)”.



“La RAE se ha quedado choni -desfasada- en la definición del vocablo”, sentencia la periodista María Irazusta (autora de Eso lo será tu madre y Las 101 cagadas del español, ambos editados por Espasa). “La choni auténtica no pretende seguir la moda sino ‘su moda’ que, en ocasiones, fue moda para otras tribus (como la de los pijos) años atrás”, defiende. Irazusta asegura que lo choni ahora se exhibe “con orgullo”, aunque “tímidamente”. Álvarez también apoya una evolución positiva, aunque con reservas frente a una asimilación total sin clasismo o condescendencia. “El hecho de que palabras como “ratchet” o “chola” estén de moda y sean algo cool entre la nueva generación me parece un camino perfecto y una oportunidad para acortar determinadas distancias entre clases –tal y como lo es que Bershka esté de moda (no olvidemos que Princess Nokia es imagen de Bershka y Bershka es uno de los sponsors de un festival como Sónar)–, pero que para que dejemos de ser clasistas o se dejen de usar palabras como “choni” o “ratchet” de forma peyorativa el cambio social y educativo ha de ser mucho más profundo”. La diseñadora Alejandra Jaime lo resume de forma ilustrativa: “Los que consideren ofensivo el término simplemente no entenderán esta visión renovada y tendrán ese concepto del 2000. Supongo que también tiene que ver con esa tiranía con la mujer. La gran parte de la sociedad quiere seguir fabricando a princesas delicadas y casi virginales”.



Perfiles recomendados de @instagram

@fashionnova
@cariatydes
@lazowi
@badgyalba

miércoles, 6 de mayo de 2015

Juan Carlos Martínez "Secret Photography"


Secret Photography (Fotografía secreta), es un archivo de encuentros efímeros con desconocidos, imágenes donde el artista Juan Carlos Martínez, pretende pasar inadvertido. Nos muestra casi a diario deportistas, atractivos transeúntes y pasajeros, obreros musculados, detalles anatómicos que nos provocan y seducen mientras caminamos por la calle, en el metro o cualquier lugar susceptible de mirar el móvil.

Este trabajo se convierte en una especie de reto diario para con la fotografía documental del aquí y ahora. Estas imágenes nos llegan como pequeños fotogramas de historias cercanas a la fantasía, una búsqueda insaciable e insatisfecha que se compagina con cualquier actividad cotidiana y que impacta sobre ella como algo sublime, a destacar.

A partir de estos pedazos de realidad, que nos remiten en muchas ocasiones a la fotografía tradicional, y aunque funcionan como escenas independientes, retratos etc, son susceptibles de complementarse con otras imágenes del archivo, se enriquecen al enfrentarse entre ellas como narraciones fragmentadas, al crear historias sugerentes basadas o no en aquellas situaciones originales.







El archivo “Secret Photography”  se caracteriza por utilizar la cámara del móvil para llegar a escenas íntimas, imposibles de capturar de otra manera, primando la autenticidad y el valor del testimonio a su rigor técnico. Hasta el día de hoy lo componen unas 800 fotografías después de cribar entre más de 25.000. Las primeras imágenes de este tipo fueron tomadas en el año 2001 con cámara compacta analógica, dando lugar a su serie “Miraderos. I´m looking for”  en 2001-2005  o “Escondidos” en 2006.

Desde el año 2005 alterna la cámara de medio formato analógica con las cámaras digitales y pantallazos de conexiones en directo a través de Internet.
Juan Carlos Martínez experimenta con el medio y las múltiples opciones de la imagen documental para acercarnos a un mundo idealizado formado por esos trocitos de realidad, una realidad buscada, vista o proyectada como última instancia.




 Secret photography refers to the use of an image or video recording device to photograph or film a person who is unaware that they are being intentionally photographed or filmed. It is sometimes called covert photography, a term used mostly among professional investigators, or unauthorized photography.

Some obvious element of concealment (or great distance) is generally needed to make such photography fall under the category of 'secret photography' rather than street photography or documentary photography.

My proposal was to use my mobile phone, just to get images that are almost impossible with professional cameras. My mobile was the perfect way to be unnoticed and that allow me to make an archive of candid moments, difficult to do it on other way. 


Juan Carlos Martínez


#secretphotographyarchive 
#ongoingproject

 Todas las imágenes mostradas son obra de Juan Carlos Martínez, para contactar con el artista o conocer más información sobre otros de sus proyectos se pueden ver los siguientes enlaces:
More info about the artist: 




 Hasta el 31 de mayo de 2015 en a3bandas podemos contemplar algunas de las fotografías de la serie dentro de la exposición colectiva "Éros c'est la vie" comisariada por Arturo Prins, Miguel Cereceda y Sofía Fernández dentro de la Galería Fernando Pradilla (c/ Claudio Coello, 20 en Madrid)
http://www.a3bandas.org/es/exposicion/eros-cest-la-vie

Sinopsis del proyecto expositivo:
"Éros c’est la vie" afronta una reflexión sobre el erotismo en el arte español contemporáneo, con la intención de acercarse a sus componentes vitalistas, festivos y amorosos, en tiempos de crisis. “Éros c’est la vie”, la irónica consigna duchampiana, trata de pensar en la fuerza del erotismo como principio vital, frente a la depresión económica, ideológica, psicológica y política en la que quieren sumirnos.




Subze






sábado, 21 de febrero de 2015

"El 'falso bakala' y la vuelta del adolescente a la moda" por Dean Kissick. Fotografías Alasdair McLellan

 El 'falso bakala' y la vuelta del adolescente a la moda
¿Qué es el "falso bakala" y de dónde viene? Hoy en i-D te contamos la historia del día en que el fútbol y el 'skate' se encontraron. 

¿Pero qué demonios llevo puesto? Cómo… ¿Cómo? Es lo que a veces me pregunto cuando me miro al espejo pero, últimamente, mi caótica imagen se ha empezado a convertir en una especie de uniforme de los jóvenes de mi generación. Se llama algo así como "lad casual" o "falso bakala" (es decir, un chaval confuso que se pone un poco de todo). Seguro que sabéis de lo que hablo porque ya se ha expandido por todo el país; es una especie de combinación de gorras Supreme con camisetas Umbro, zapatillas Reebok (o similares) y un especial amor por el fútbol (aunque sea impostado) y, sobre todo, por beber en bares. Muchos de los que lo llevan son amigos míos y me encanta su estilo (ya que yo también lo adopto en mi día a día), simplemente me preguntaba de dónde venía.

A pesar de que esta estética está muy influenciada por los skaters de la costa este americana y los jóvenes ingleses de los suburbios en los 90, también tiene un punto de chicos que escuchan "deep house" con vaqueros pitillo recortados, camisetas básicas y zapatillas Free Run. Uno de mis mejores amigos dijo una vez: "Esos tíos que llevan zapatillas Nike, camisetas de tirantes y que bailan con tanto 'swag' deberían irse a la mierda y no volver", y aunque es cierto que detesto sus bailecitos y esa música -que es sencillamente horrorosa- tengo que admitir que me encantan sus zapatillas.

Ambos armarios tienen en común es una estética muy fresca que se centra la comodidad y el deporte. Me parece una buena tendencia aunque a algunos les pueda parecer una versión aniñada de la edad adulta como dice el escritor Clive Martin: "El nuevo choni es un movimiento que supone una antítesis a la idea de que a cierta edad nos tenemos que dejar crecer la barba, beber vino caro y vestirnos como leñadores. Este nuevo tipo de chico se afeita, es limpio y bebe latas de cerveza en la calle. No importa dónde sea la fiesta, es un chico informal que se adapta a lo que sea; una especie de retorno adolescente a la idea de masculinidad".



El "lad casual" es algo totalmente opuesto al hipster barbudo que parece abundar tanto últimamente y aunque me parezca genial que preparen un café delicioso y sepan tanto de queso suizo, no me pienso vestir como si fuese un pueblerino de principios del siglo XX ni pienso dejarme barba, ni bigote y, por supuesto, no tengo en mente llevar camisas de franela o poner una mesa de madera virgen en el salón. En realidad, es un universo de lo más misógino pero pretende ocultarlo tras un halo de ironía para demostrar que no lo es… Así que no puedo alegrarme más de que, al fin, los hombres empiecen a aparcar sus parkas de Barbour para dar paso a una nueva ola más moderna y joven.

La actitud de los nuevo bakalas es algo distinta a la de los chicos de los 90 (que eran ruidosos, groseros y deseaban haber nacido en Valencia. Los nuevos chonis son limpios, más ordenados y educados, se abrochan bien los pantalones y no creemos que vayan a estamparte una botella de cerveza en la cabeza. Su look es una mezcla entre la estética de los skaters y la de las clases obreras, que son una de las referencias principales. Palace es una de las marcas de streetwear (junto con la todopoderosa Nike, que nunca ha desaparecido) con más influencia ahora mismo y su reciente colaboración con Umbro ha significado un momento clave para el regreso de una tendencia algo olvidada. ¿Quién iba a llegarse a imaginar que la esencia del skate iba integrarse tan bien en una camiseta de fútbol?
Durante la última década, los estereotipos de la masculinidad en el fútbol se han descodificado por completo. La imagen del "macho" se ha derrumbado por completo por personajes como Cristiano Ronaldo o el elenco al completo de Gandia Shore: tíos musculados, depilados y bronceados. Ahora puedes convertirte en un icono de la moda con uno pitillos bien apretados y una camiseta con cuello en 'V' (una 'V' muy profunda por desgracia).


¡Los jóvenes de hoy están confusos! Podemos culpar a los padres, a los dependientes de H&M, a la FIFA o a David Beckham, pero no hay nada que hacer. Nadie debería echar de menos los tiempos en que los aficionados al fútbol y los skaters se peleaban sin parar. El bakala casual es una mezcla muy agradable de varias subculturas; tiene una gran connotación de violencia de las tribus urbanas adolescentes pero a la vez respira muchísima paz. Además, ya no tienes que ser un bakala para llevar este tipo de ropa ni tienes que saber hacer ollies con el monopatín. 

Texto: Dean Kissick
Fotografías: Alasdair McLellan
http://www.alasdairmclellan.com/
9 de febrero de 2015
i-D Vice 
1 Comment sobre el artículo publicado en i-D Vice:
Más fotografías de Alasdair McLellan: 


 Montaje expositivo en 032c Gallery, Berlin, 2012.

 Páginas del libro "Ultimate Clothing Company"
Más info e imágenes en la web de Alasdair McLellan.

jueves, 30 de octubre de 2014

Swaggers en la puerta del Apple Store de Barcelona

"Adolescentes con una imagen cuidada hasta el último detalle se citan al lado del Apple Store, pasan la tarde allí, no entran nunca, ni siquiera usan Apple, pero se reúnen en torno al edificio de Apple, a escuchar música, hacerse selfies, ligar entre ellos o por Facebook, y a exhibirse ante el resto de transeúntes que pasan de largo escandalizados."

Dos vídeos virales han hecho emerger una subcultura adolescente que no tiene nada de alternativa, la de los nuevos milénicos que se reúnen en torno a las tiendas Apple.
Como tantos barceloneses,  el escritor y realizador Carlo Padial pasaba casi a diario por la esquina de plaza Catalunya con paseo de Gràcia, donde se ubica el gigantesco Apple Store, y se preguntaba qué hacían las decenas de adolescentes que se apelotonan allí, simplemente “estando”, haciéndose selfies en grupo, luciendo sus trabajados estilismos y pillando el wifi que les regala Tim Cook.
Ese fue el germen de un vídeo de menos de tres minutos que rodó para la web Playground y que ya lleva un millón de reproducciones entre Facebook y YouTube. Este vídeo y su secuela, grabado en la discoteca Famee, también de Barcelona, han servido para arrastrar a la superficie y a los medios mainstream (como éste) una subcultura que en realidad no tiene nada de subterránea, los swaggers.

Jovencísimos, consumistas, y desacomplejados, los swaggers –el término viene de swag, un término análogo a rollo o tumbón que popularizaron los raperos fanfarrones a principios de siglo– son los verdaderos milénicos. No es que “crecieran” con el nuevo milenio como los veinteañeros a los que se suele dar esta etiqueta, sino que muchos nacieron ya pasada la frontera del 2000.
Algunos de sus comportamientos son idénticos a los de cualquier grupúsculo urbano que les precede. Se visten para llamar la atención y con un sincretismo de estilos, igual que hacían los peacock mods que se paseaban por la tienda Biba (sin comprar) en el Londres swinging, dándole vueltas al mismo foulard de paramecios para que pareciera nuevo. Pero otros de sus rasgos son radicalmente contemporáneos, como su manejo 100% profesional y marketiniano de las redes sociales.
“Se organizan de manera absolutamente sistematizada y siguiendo una estructura piramidal”, explica a Verne Padial. Y eso se puede comprobar en su segundo vídeo, titulado Famee y Popus: la gran locura swagger.
Los “popus” son los populares, los cabecillas de lo swag, “gente atractiva y con actitud”, según el realizador. Los popus suelen ejercer de RRPP de las discotecas pero no lo hacen solos. Crean su propio equipo de delegados, su ejército de chavales que se encarga de dinamizar a la audiencia en Facebook y arrastrar gente a las fiestas. Éstas, que tienen lugar en clubs como el Illusion, siguen el clásico esquema del club light: no se sirve alcohol, empiezan a las cinco de la tarde y puede entrar cualquier mayor de 14 años que lo pueda demostrar con su DNI.
Viendo las imágenes de los chicos bailando Dem Bow, una variante acelerada del reaggeton de origen dominicano que requiere un movimiento de pies y trasero pariente del twerking, cuesta creer que allí sólo se consuman refrescos. Claro que también tienen un importante papel como combustible las bebidas energéticas como Burn.
En cuestión de estilo, imperan los pantalones muy ajustados, los nano (no ya micro) shorts para las chicas, las gorras o los peinados que combinan zonas rapadas con tupé exagerado. Hay un obvio influjo hiphopero y puntos de convergencia con lo cani pero también hay quien le da un giro preppy, como el chaval (de impecable estilo) de los pantalones arremangados y la gorra roja que aparece en el primer vídeo o el de la pajarita del segundo.
Esa mezcla “entre lo cool y lo quillo” es la que fascinó también al fotógrafo Ramiro E, que ha hecho una serie sobre los swaggers del Apple Store. En conjunto, no es una escena que busque la uniformidad sino la individualidad, igual que tienen cero interés en situarse en los márgenes de la cultura o en ser alternativos (a nada). Lo suyo es la centralidad, también literal: por algo ocupan el centro mismo de las ciudades. En Madrid, por cierto, se reúnen en Sol.
Según Padial, que ha intentado acercarse al fenómeno “sin prejuzgar” y piensa seguir explorándolo en nuevos vídeos, los swaggers españoles “son chicos que vienen muy nuevos, no tienen miedo a nada y están muy mezclados. No creo que sean más consumistas que otra gente, lo que son es más puros. No tienen discurso irónico y sirven muy bien como imagen de lo que todos estamos viviendo. Todos queremos likes en Facebook, pero ellos lo hacen a lo bestia”. En efecto, una buena foto en el Illusion puede llevarse tranquilamente 5.000 “me gustas”.
Aunque el fenómeno es relativamente interclasista (más que el mundo cani), es obvia la influencia de la inmigración latina y en este caso, la diferencia se vive sin ningún tipo de estigma, como señalaban aquí, notando ese momento impagable del vídeo de Fame en el que el dj local Sweet Flow, tras hablar a cámara con su propio acento, un castellano peninsular bastante neutro, sube al escenario a montar su show y adopta un deje medio caribeño para decir: “Esa vainaaa”.
Begoña Gómez Urzaiz
http://blogs.elpais.com/verne/2014/11/swagger-tribu-urbana-apple-store.html
La cultura cani no tiene mucho que ver con los "swaggers".

martes, 5 de marzo de 2013

José el chatarrero y el punky gitano (quinqui rumba)



José ” El chatarra” nace en Reus (Cataluña),  en un barrio obrero, de padre andaluz y madre extremeña, una mezcla genuina, con poso. Después de una vida dedicada al rock, con cinco discos a sus espaldas y telonear a grupos de renombre del panorama musical como Ska-P, Defcondos, Los suaves… decide, tras la separación de Bandelpalo , hacerle caso a su padre que le dijo “ …las raices son las que son , la sangre tira, las personas amamos y no olvidamos…”, y decide embarcarse en lo que es a día de hoy su proyecto mas personal y ambicioso.  
Como compañero de viaje encuentra a Rafa, un punky gitano , del barrio de la mina en Barcelona, que canta flamenco y muerde a la vida. Como se conocieron?…quizás que os lo expliquen ellos, no es apto para menores, pero si la química existe este es un gran ejemplo. Compadres de viaje, penas y alegrías. Rafa se vuelve una parte muy importante de la banda, cerrar los ojos delante de ellos es oír a Los Chichos, a Triana, a Pata Negra,… abrirlos es saber que estamos delante de una nueva era.