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viernes, 12 de junio de 2020

La ropa cani (el retorno)


Rottweiler, DJ’s Band, W2P… ¿Qué fue de las marcas que vistieron a la generación ‘cani’? Recordamos el éxito (y caída) de las firmas que, herederas de la estética bakala, vistieron a los jóvenes de los dos mil y empapelaron con sus logos institutos y discotecas.
Reportaje de Carlos Megía el 7 de junio 2020 para ICON El País.
https://elpais.com/elpais/2020/06/03/icon/1591205859_965050.html

Eran tiempos de Messenger y Fotolog, de la Radical y el Motorola Razr, de la sucesión de mayúsculas y minúsculas en la misma palabra. De peinado a lo cenicero, cejas surcadas por la maquinilla, cadena de oro, piercings y aros en la oreja. De scooter y casco con estampado tribal, pero colocado a la altura del codo para no estropear el laborioso estilismo capilar. El chándal monocolor de Nike dejaba paso a camisetas, chaquetas, vaqueros o pantalones anchos tobilleros de Rottweiler, Dj’s Band, W2P, Foam Gum, El Niño Tarifa, Sonique o No Fear. La actitud provocadora se manifestaba también en aquellas insípidas carpetas azules de cartón decoradas por las pegatinas del logo de la firma en cuestión. Looks siempre conjuntados, tonos estridentes –cuanto más dañinos a la vista, mejor–, y las Salomon o las Puma Sparco como objeto de deseo en los pies. Entre finales de los noventa y principios de los dos mil, un puñado de marcas de moda consiguieron vestir a toda una generación representando la –durante años– denostada estética calificada como cani, pokera o makinera. Hoy, cuando las llamas de aires tribales han llegado incluso a enseñas como Prada, rendimos homenaje a las firmas que nos enseñaron a presumir de espíritu ‘malote’.

“La estética cani fue un intento de estirar y romantizar ese momento de liberación de los jóvenes ‘por la fuerza’. Se adaptó la escena a la aparición de las redes sociales, los móviles y el chuleo”, cuenta la diseñadora Alejandra Jaime Mendoza, que hace pocos años consiguió hacerse un nombre en la industria nacional con la firma María Magdalena –ya desaparecida–, que referenciaba sin complejos aquellos looks. Nacida en 1990, la onubense vivió en primera persona el auge de esta mutación del movimiento bakala de los noventa.

Daniel González, diseñador gráfico especializado en diseño de camisetas y estampación textil, acababa de salir de la escuela de ilustración cuando entró a trabajar en 2007 en una en una Rottweiler crepuscular que por aquel entonces pertenecía al desaparecido grupo Code Bleu, propietario asimismo de otras firmas superventas como Foam Gum, Dj’s Band o Sonique. “Estas marcas apuntaban a los canis, una tribu social concreta. Eran para gente de clase media porque no eran muy caras, podían permitírselas chavales de barrio. Aprovecharon el auge de las discotecas de electrónica y a partir de ahí empezaron a triunfar”, recuerda al otro lado del teléfono.

El éxito de estas marcas invadió primero los aparcamientos de las macrodiscotecas en mañanas de rave, pero después llegaron hasta los botellones de los polígonos de cada ciudad española y hasta los pasillos de los institutos, descontextualizando su vocación electrónica y consiguiendo que toda una generación se identificara con ellas. La búsqueda de una identidad definida y compartida fue la principal razón que propicio su éxito y asimilación. “Necesitábamos enmarcarnos en un estilo concreto y esas marcas supieron verlo. Eran fácilmente identificables y ofrecían descaro y chulería, no era una pose ñoña. En aquel momento las etiquetas eran importantes y las defendíamos, no como ahora. Era una moda muy fanática”, afirma Jaime Mendoza. Daniel Pérez, del blog de cultura retro Retropica, cree que su éxito responde más a una cuestión circunstancial: “Esas marcas de ropa se convirtieron en la base estética del movimiento, que tuvo mucho seguimiento y una estética marcada. De ahí su triunfo”, declara.

La identificación también se moldeaba en cuanto al antagonismo con la otra tribu social predominante de la época –y de todas las épocas–, los pijos. “Tenías que dejar claro de qué equipo eras: o malote o niño de papá, no había mucho espectro. Las marcas eran la forma de reconocer de un vistazo si iban contigo o contra ti. Fue un tiempo de muchas peleas en fiestas, mucha confrontación… y también de desinhibición”, aclara la diseñadora. De ahí que los logos y los estampados (diablos amenazantes, rottweilers rabiosos o fantasmas con pinta de espermatozoides) tuvieran una especial presencia en las prendas. Ellos tiraban de chándal monocolor, mejor si era blanco y estaba firmado por Nike. Ellas dejaban el tanga flúor a la vista y medían su nivel de ‘malotismo’ en función del tamaño de la campana del pantalón.

Como confiesa González, los grandes éxitos de firmas como Rottweiler eran las camisetas, los polos y pantalones de chándal. “No nos daban unas grandes pautas a la hora de diseñar, un jefe de diseño nos iba orientando y en base a los historiales de prendas que se habían vendido bien intentábamos hacer cosas similares”. Años antes de que el branded content fuera un concepto habitual en las oficinas de los ejecutivos de marketing, estas empresas impulsaron sus marcas con pegatinas que ilustraron las carpetas de millones de estudiantes, cedés recopilatorios e incluso fiestas temáticas.

Tan meteórico fue el éxito como la caída. Los templos del techno cerraron sus puertas, la música se fue a otra parte y las prendas dejaron de tener un sitio en las estanterías de El Corte Inglés. La tendencia no superó la primera década de este siglo y las firmas desaparecieron de manera sistemática y sin remedio. “Pasó su época”, sostiene el diseñador gráfico sobre su incapacidad a la hora de reinventarse, que también pone el foco en la cuestionable calidad de su catálogo: “No supieron actualizarse con los tiempos ni hacer ropa de calidad. No tenían muy buenos tejidos ni buenos patrones, no eran marcas del todo óptimas”. “No definieron una identidad propia, básicamente copiaban lo que veían que fuera funcionaba a un precio menor y sus producciones propias no eran reseñables”, agrega Pérez. De las mencionadas, solo No Fear (centrada en el motocross) y El Niño Tarifa persisten relevantes hoy en día, esta última más enfocada al ambiente surfero y la ropa infantil.
La transformación del sector textil y el asentamiento del low cost también tuvo parte de culpa en la precipitada desaparición de estas firmas de precio medio, incapaces de hacerle la competencia a las franquicias de vocación juvenil de estos gigantes. La especificidad del público objetivo de estas etiquetas terminó suponiendo su sentencia. “Cubrieron las necesidades de un momento particular. Aquellos adolescentes crecieron y dejaron atrás el ‘uniforme fiestero’ para adoptar una imagen que encajara más con el mercado laboral. En general, la moda era menos flexible, encasillaba, y la gente aún vestía según la edad. Ahora eso ha cambiado”, explica Alejandra Jaime, que concluye corroborando cómo, gracias al paso del tiempo y a la transformación de la vergüenza ajena en nostalgia, las marcas actuales se han dejado influir por las pasadas.

“La moda es cíclica y justo en este momento los guiños a la moda bakala tienen más fuerza que nunca. Desde hace años hay tribales y llamas por todos lados, y llegan los pantalones anchos de nuevo”. Quizá dentro de no tanto tiempo sea el momento de volver a lucir esas prendas de W2P, Dj’s Band o Rottweiler que una vez coparon tu armario. Si es que el sonrojo que te provocaron aquellas fotos de las que abjuraste, y que presumían de decenas de ‘Me gusta’ en tu cuenta de Tuenti, no te llevaron a deshacerte de ellas.

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sábado, 4 de abril de 2020

Mausoleo de 'Antonio El Tonto' en Pinos Puente, Granada.



La tumba de Antonio F. C. en Pinos Puente ya ostentaba el título oficioso de "mausoleo más 'cani' del mundo", pero ahora la familia ha puesto el listón un poco más alto, frente a la estatua del difunto Antonio luce una réplica en aluminio y a tamaño natural del todoterreno modelo Q5, uno de los automóviles que utilizaba este conocido asaltador de camiones fallecido en 2018 en la cárcel de Jaén. La familia ha optado por este "sobrio" remate automovilístico, descartando la opción que se barajaba inicialmente: un Ferrari California con el que 'El Pirata de los Camiones' epataba por las calles de Pinos Puente en los mejores años de su fructífera carrera criminal. Tal y como vaticinaba nuestra corresponsal en Granada, Laura Ferrer, en su primicia sobre el mausoleo 'cani', ahora sí, el recoleto cementerio de Pinos Puente puede convertirse "en lugar de peregrinación de amantes de los camposantos ‘especiales’". El Audi Q5 a tamaño natural completa el repertorio de marcas que ostentaba Antonio 'El Tonto' y que engalan su escultura mortuoria.


 El pequeño cementerio de Pinos Puente, localidad granadina de poco más de 10.000 habitantes, lleva camino de convertirse en un camposanto tan célebre como lo es el Père Lachaise para París o el Nacional de Arlington en Virginia (EEUU). Uno de sus inquilinos, Antonio F.C, un conocido delincuente apodado Antonio El Tonto y el ‘Pirata de los camiones’, descansa en paz en un enorme mausoleo de mármol blanco sobre el que luce una escultura a tamaño natural que es una réplica fidelísima de su persona.

Hasta aquí la historia podría parecer una excentricidad de nuevo rico, sin más interés. Uno se imagina a Antonio El Tonto esculpido en mármol blanco, al gusto de los emperadores romanos, con una túnica blanca, la mano alzada y la mirada perdida en el horizonte. Pero no, el ‘Pirata de los camiones’ era un hombre del presente, del siglo XXI, un hombre moderno. Y así ha sido construida su nave hacia la eternidad.

Si los egipcios se llevaban a la otra vida un pequeño ajuar funerario con las pertenencias que les pudieran ser útiles en la otra vida, Antonio El Tonto se ha querido llevar al más allá una réplica exacta de los ‘outfits’ habituales que lucía por Pinos Puente con las marcas bien a la vista. Viste un plumas Moncler (a 850 euros en el mundo de los vivos) y camiseta negra bajo la que asoma una cadena de oro. En su mano derecha luce una pulsera de Versace (unos 450 euros) y un anillo de tres diamantes. En la izquierda brilla un Rolex Yacht-Master de oro amarillo (42.000 euros) y un móvil. Lleva vaqueros y las zapatillas blancas también son Moncler (que cuestan más de 350 euros). A su lado, en el escalón, reposan otros dos móviles (tres móviles en total, contando el que lleva en la mano, nada sospechoso), un bolso Gucci (de 800 euros para arriba), su paquete de tabaco Marlboro y un mechero. Todo en bronce.

La figura de Antonio El Tonto (y el mote no es insultante, ya que así está grabado su nombre en el mármol) se presenta sentado en actitud relajada sobre tres escalones, como si estuviese en la plaza del pueblo pelando la pava con su primo El Parche. ¿Recuerdan aquel vídeo viral en el que dos primos, al volante de un Ferrari California, hacían carreras y piques con un R8 por las calles de Pinos Puente al grito de "Me cago en los muertos de todos los civiles" y "me cago en los muertos de todos los chivatos perros"?

Según informó en su día el Ideal de Granada Antonio F. C., el 'pirata de los camiones', falleció en enero de 2018 a los 46 años en la cárcel de Jaén por causas naturales. "Llevaba pocas horas ingresado tras entrar el jueves por la noche después de ser detenido por la Guardia Civil de La Carolina, acusado del robo de siete camiones en distintas áreas de servicio de la provincia jienense. Su detención se produjo el martes", informa el diario. 
En la noticia apuntan que «está considerado uno de los delincuentes más activos de esta provincia y en su 'hoja de servicios' hay más de sesenta detenciones. Ha sido investigado incluso por la UCO (Unidad Central Operativa) de la Guardia Civil porque actuaba por toda España".

Según El Ideal, uno de sus robos más sonados fue el de un camión de El Corte Inglés cargado de perfumes, valorado en más de un millón y medio de euros. También cometió diversos robos en Francia, donde su principal botín fue un camión cargado de ordenadores, valorados en un millón de euros. Además aseguran que creó una red de hipermercados para vender la mercancía. También abrió dos Grow Shop, dedicados a la venta de marihuana, un negocio en el que fue pionero en Granada. 
A pesar de su carrera delictiva, Antonio El Tonto era una persona muy querida y con muchos seguidores en este pequeño pueblo de la comarca de La Vega de Granada. Así lo atestiguan las flores frescas que lucen en el mausoleo y las ponsetias navideñas que han colocado para estas fechas. 

Texto de Laura Ferrer para Strambotic del Diario Público. Publicado el 20 de febrero de 2019.

https://blogs.publico.es/strambotic/2019/02/mausoleo-cani/

https://blogs.publico.es/strambotic/2019/10/audi-q5-a-tamano-natural/







https://elpais.com/politica/2019/03/29/diario_de_espana/1553884857_723308.html

https://www.ideal.es/granada/provincia-granada/peculiar-tumba-pinos-20191031002527-ntvo.html

https://www.granadahoy.com/provincia/todoterreno-cielo-infierno_0_1402060069.html

https://www.ideal.es/granada/muere-carcel-pirata-20180114221525-ntvo.html

sábado, 14 de enero de 2017

“Criando ratas” de Carlos Salado (2016)



 https://youtu.be/QT1CAERmNrA


#CriandoRatas es un largometraje de género #neoquinqui desarrollado entre los años 2010 y 2016 de manera independiente y colaborativa por el cineasta y compositor Carlos Salado. 

https://www.criandoratas.com 
https://www.carlossalado.com 

https://www.facebook.com/criandoratas/
https://twitter.com/criandoratas
https://www.instagram.com/criandoratas/

Desde Cultura Poligonera nos alegramos de que esta película que hemos seguido al fin se haya estrenado y este disponible para todos en Youtube. Gracias Carlos, Rubén y a todo el equipo por el trabajo realizado. 


¿Qué es el cine neoquinqui? Esta es la peli que arrasa en Youtube.
Cinco mil euros, seis años de rodaje y un protagonista en la cárcel, así se ha gestado 'Criando ratas', el debut de Carlos Salado y Rubén Ferrández. 



Un tipo delgado y greñudo se prepara una raya de coca sobre una cisterna rota. Le aborda un colega. Discuten en algún tipo de argot difícilmente comprensible. La droga termina en el suelo. “Mira esta mano”, le dice el primero. Levanta la mano izquierda. “Mira esta mano”. El otro mira, y sin tiempo de reacción, recibe un soplamocos con la palma abierta. Una secuencia que se acerca al millón de visualizaciones y que sirve como teaser de Criando ratas, la cinta que inaugura el género neoquinqui en España y que desde hace pocos días se puede disfrutar íntegramente en Youtube.
“A los 24 años tuve que decidir hacer cortos hasta que alguien me diera una oportunidad o lanzarme a hacer mi película. Era una carrera de fondo porque no había medios, ni equipo, ni dinero, pero de todo eso hicimos nuestro abono”.Carlos Salado, director, y Rubén Ferrández, productor, nos cuentan su aventura a muchos kilómetros de la Colonia Requena y las Mil Viviendas de Alicante, escenarios de su primera película, en un restaurante de moda de la calle Alberto Alcocer. Dos jóvenes que apenas han cumplido los treinta, pero que han dedicado casi una quinta parte de su vida a un proyecto que mezcla su pasión por el cine ochentero de Eloy de la Iglesia y José Antonio de la Loma con una clara vocación social. “Nos conocemos hace 15 años. Yo provengo del mundo de las ONGs, y quizá no tenía ese amor por el cine quinqui, pero sí por la vertiente social. Me enamoró el compromiso de esa historia”, explica Ferrández, pelo bien cortado y camiseta negra.

“Cuando descubrí el género quinqui en la facultad, me fascinó. Gente de la calle, escenarios naturales. Era coger eso y renovarlo, con los chavales de ahora, el argot… pero con un estilo realista, un poco Dogma, renunciar a todo artificio para que sea auténtico”. Carlos Salado, pelo lacio y larguísimo, muy abrigado por los rigores del invierno madrileño, podría estar hablando de cine toda la mañana. Porque sólo un par de tipos así de apasionados podrían dedicar seis años de su vida a un proyecto sin un final demasiado claro, un proyecto que empieza con un sablazo de cinco mil euros a amigos y conocidos: “Hacer una web era la manera más elegante de pedir dinero a nuestras familias y a nuestro entorno. Hemos terminado contagiando la ilusión a los que estaban cerca. Muchos de ellos lloraron con nosotros el día del estreno”.
 Algunas reseñas en medios
Una idea, un estilo bien definido, unos cuantos miles de euros… y un protagonista. Ramón Guerrero es El Cristo, un cani de manual, “un tío que todo lo que toca lo convierte en basura”, como define su director, un chico criado en las calles más duras de Alicante, pero con algo especial que traspasa la pantalla desde la primera escena. “Yo a Ramón lo conozco desde los 13 años. Está tocado con una varita. Ha vivido el mundo del narcotráfico muy de cerca, conoce bien el menudeo, pero tiene carisma y eso se traslada en la pantalla. Hay que dar oportunidades a alguien como Ramón Guerrero”, explica Carlos Salado. “Cristo es la suma de muchas experiencias que él ha visto o que ha vivido en primera persona”, completa Rubén Ferrández. Un protagonista tan poco convencional que podía ser el primero en llegar al rodaje y el último en irse, pero que en un punto de la producción, tuvo que parar un año para ingresar en prisión “por sus cosillas”, sonríe Salado, “durante ese año de la cárcel no podía salir a rodar, pero me yo comunicaba con él cada domingo para hablar y soñar lo que sería esta película”.
La carrera imparable del Cristo hacia el desastre es el eje principal de Criando ratas, un camino en el que se cruza con personajes como El Mauri, cuya misión en la vida es conseguir veinte euros para contratar a una prostituta en un descampado, o una banda de búlgaros que podrían haber salido perfectamente del lumpen londinense de Guy Ritchie, pero se mueven por la capital alicantina ante las cámaras de estos chicos que hacen de la necesidad virtud y de la falta de medios, un estilo: “En el rodaje el plan A nunca era posible, era el Z. A veces teníamos el actor, el coche y la cámara, pero el bar en el que íbamos a rodar está cerrado, así que había que agudizar el ingenio. ¡Cojones, pasión y cámara en mano!”, recuerda el director. “La planificación era imposible. Quedas con un actor a las 10 y aparece a las 12, el travelling out se hacía con el cámara metido en un coche marcha atrás. Hemos hecho planos en sillas de ruedas, con patines…”, interrumpe un productor que ha manejado presupuestos muy superiores para el anuncio de 30 segundos de una ONG que para este largometraje de 80 minutos.
Una aventura que iba sumando adeptos año tras año desde su gestación, y que se presentaba en diciembre en La Casa Encendida de Madrid como paso previo, esta misma semana, a su lanzamiento definitivo en la plataforma Youtube.“Mi sueño era que cualquier persona la pudiera consumir. Hay pelis que están para ir a festivales, para hacer taquilla, para entretener… Y nosotros queríamos llegar a todo el mundo a través de Youtube”, razona el joven director, “yo siempre he imaginado a un chaval en el recreo viendo la peli a través del móvil, incluso por partes. ¡O en un parque!”. Seis años después, el sueño se ha hecho película. Ha nacido el cine neoquinqui.
Andrés Dominguez para Tentaciones, El País, 13/01/2017.
http://elpais.com/elpais/2017/01/13/tentaciones/1484312098_720777.html

jueves, 7 de julio de 2016

Owen Jones "Chavs y Canis"


Por qué no deberías meterte con los 'canis'
Iago Dávila
21/05/2014

Owen Jones (Sheffield, 1984) ha estado estos días en el CCCB, el Círculo de Bellas Artes de Madrid y la Universidad Complutense hablando de cómo nos hemos habituado a la desigualdad y cómo los más desfavorecidos están pagando por ello. Con sólo 29 años, este periodista y comentarista británico, que colabora de forma regular con 'The Independent' y 'The Guardian', puede presumir de ostentar el galardón de Mejor Escritor Joven de Reino Unido y de haber colado su primer libro, 'Chavs: la demonización de la clase obrera' (Capitán Swing) entre los mejores de 2011 según el 'New York Times'.

Para los que no lo sepáis, los 'chavs' son una especie de versión británica de los 'canis' españoles: jóvenes de barrios deprimidos, que ni estudian ni trabajan, dependientes de las ayudas sociales, racistas, maleducados, alcohólicos y que lucen un look hortera y prendas falsas de primeras marcas (especialmente Burberry).

La proliferación de 'chavs' en Reino Unido en los últimos años ha sido tal, que en los principales medios del país se dedican extensos reportajes sobre su estilo de vida y, tanto las élites como la clase media, los considera basura blanca y se burlan de ellos en foros de internet y programas de televisión.



En el prólogo de 'Chavs: la demonización de la clase obrera', Jones cuenta cómo durante una cena en su casa uno de los invitados dijo: "Cierran Woolworth's (un centro comercial inglés de precios bajos). ¿Dónde comprarán ahora los 'chavs' sus regalos de Navidad?". Entre los asistentes había gente con formación universitaria, de ideas de izquierdas, gays y negros. Y todos rieron a carcajadas.
Desde la perspectiva de Jones, el rechazo a los 'chavs' es el resultado de una estrategia del neoliberalismo (que luego han abrazado los socialistas) para responsabilizar a las clases trabajadoras de sus desgracias, justificando así la existencia de élites que acumulan la mayor parte de la riqueza.

Su libro no sólo ha vendido millones de copias en todo el mundo, también ha devuelto a la arena política el debate sobre la conciencia de clase. Este concepto, que puede sonar caduco en el siglo XXI, vuelve a estar de absoluta vigencia en la situación que atravesamos, y la lectura del ensayo de Jones (que, por otro lado, es ameno y cargado de ejemplos que te dejarán con los ojos abiertos) te hará reflexionar sobre tu papel en este proceso de demonización.

Owen Jones durante la entrevista para GQ © Miguel Balbuena

Ayer tuvimos la suerte de compartir unos minutos con este niño prodigio del periodismo británico, durante los que hablamos de por qué no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, del machismo de Cañete y de las amenazas en Twitter. Bueno, y de 'chavs', Wayne Rooney y programas como 'Geordie Shore' y 'The Valleys'.

GQ: Tu primer libro trataba sobre los 'chavs' en Inglaterra. ¿Se puede trasladar este fenómeno a otros países?
Owen Jones: Sí, claro. En los países ricos te encuentras a un grupo de gente que acumula el poder y los recursos y otro que lucha para salir adelante y cuidar de sus hijos. Y eso tiene que justificarse de alguna manera, que es a través la demonización de los débiles. Porque el discurso de las élites es que los ricos se lo han ganado porque trabajan duro, son más inteligentes y son mejores personas. Y los que están abajo se merecen esa posición porque son estúpidos, son vagos y están estancados. Esto ocurre porque antes los problemas sociales, como el desempleo o la pobreza, se veían como un mal funcionamiento de la Administración, un error del sistema. Pero con la llegada del neoliberalismo, todos estos asuntos empiezan a considerarse fallos personales: si eres pobre, es porque no te esfuerzas; si no tienes trabajo, es porque no lo buscas con suficiente ahínco. Así que, efectivamente, los 'chavs' son un fenómeno británico, pero –con sus particularidades– se puede trasladar a cualquier país que esté en las mismas condiciones.

GQ: Al comienzo de esta crisis, el presidente del Gobierno de España dijo que habíamos estado viviendo "por encima de nuestras posibilidades". ¿Es ésta una manifestación de era estrategia del poder para criminalizar al ciudadano?
OJ: Efectivamente, y es una estrategia muy inteligente, culpar a los ciudadanos de los crímenes de las clases poderosas. Esta crisis que estamos viviendo fue causada por el sector financiero, que estaba fuera de control, impulsado por la codicia y promovido por gobiernos que desregularizaron el mercado. Esto ha llevado a la quiebra, con distintas intensidades, de todas las economías de Europa Occidental, y con comentarios como ése se utiliza a los ciudadanos, que nada han tenido que ver con el origen de la crisis, como cabezas de turco. Para que lo entiendas, es como si los tipos que están en el poder celebran una fiesta, destrozan el local y luego hacen que pagues tú la factura. Y encima te dicen que es tu culpa, porque dejaste que ocurriese. La realidad es que el nivel de vida estaba bajando y la gente tuvo que recurrir a créditos baratos, cuando lo lógico era que subiesen los salarios y no tener que endeudarse. Lo que hay que hacer ahora es impedir que los causantes de esta situación se vayan de rositas y asuman las consecuencias de lo que han hecho.

GQ: Algunos críticos te acusan de idealizar a la clase trabajadora. ¿Hay algo de cierto en el cliché del 'chav'?
OJ: Por supuesto que hay gente disfuncional. En el primer capítulo de 'Chavs' cuento el caso de una mujer que secuestró a su hija para conseguir dinero. No se puede ser más disfuncional que eso. Mi postura es que esa gente no representa a nadie más que a ellos mismos, y lo que no pueden hacer los medios de comunicación es convertirlos en la punta del iceberg de todo un colectivo de gente trabajadora. El año pasado, por ejemplo, vivimos en Inglaterra el caso de un asesino, que quemó su casa y mató a sus siete hijos. Un acto despreciable, y obviamente fue juzgado y condenado a prisión. Pues bien, la portada del segundo diario más leído del país, el 'Daily Mail', rezaba "El resultado violento del estado de bienestar en Reino Unido". Es decir, utilizan a individuos para representar a todo un grupo social. La mayoría de las personas que están en ese estrato lucha a diario para sacar adelante a sus familias. Es lo mismo que se dice con el alcohol: los pobres son los que tienen problemas con la bebida. Si ves las estadísticas, los ricos beben más que los pobres. Es lógico, porque necesitas dinero para comprarlo. Si, por ejemplo, tomásemos el caso también inglés de un médico que asesinó a 200 de sus pacientes, a nadie se le ocurriría decir que todos los médicos son unos asesinos, o que sus orígenes tienen algo que ver con sus actos.

GQ: ¿Cuál es la diferencia entre el fenómeno 'chav' y otras comunidades obreras que también han sido demonizadas, como los mods o los punks?
OJ: Esas son subculturas con las que sus integrantes se identifican y se definen por su ropa y por la música que escuchan. "Chav" es un insulto, nadie se llama a sí mismo "chav". No hay ningún tipo de cultura asociada a este grupo social.


GQ: ¿Y no podríamos decir que programas como 'Geordie Shore' o 'The Valleys' son la manifestación cultural de los "chavs"?
OJ: No, ya que ningún espectador se ve representado por los personajes que aparecen en ellos. Estos programas son sensacionalistas y en sus casting buscan a individuos peculiares y, desde luego, ellos no se consideran "chavs". Catalogar a alguien de "chav" es insultante, porque es un calificativo que se atribuye a alguien, no por el que alguien se defina a sí mismo. Así, hay gente que inventa acrónimos como Council House And Violent o Council House And Vulgar. O sea, que se asocia directamente a los orígenes de esta gente.

GQ: Insistes mucho en la importancia del lenguaje con el que nos referimos a los colectivos desfavorecidos. El otro día, por ejemplo, el candidato del Partido Popular en las Elecciones Europeas, Miguel Arias Cañete, dijo que "es muy difícil demostrar superioridad intelectual cuando debates con una mujer porque corres el riesgo de que te tachen de machista". ¿Qué opinas?
OJ: Decir eso es todavía más machista, obviamente. El sexismo y la misoginia son grandes problemas en toda Europa. Por ejemplo, en el Parlamento británico sólo el 20% de las representantes son mujeres. Y a diario ves cómo se trata con condescendencia a mujeres que están en cargos públicos. Éste no es un problema exclusivo de la derecha, también lo es de la izquierda. En general, a cualquier mujer que sea una figura pública y tenga opiniones sólidas acerca de cualquier tema se le ataca y se le trata con paternalismo. ¡En cuántas ocasiones hemos presenciado que se criminalizaba a víctimas de violaciones por la ropa que llevan! Es inaceptable, y creo que debería ser un eje central del debate público en estos momentos. Al año, en Gran Bretaña, 1,2 millones de mujeres sufren violencia doméstica, 400.000 padecen acoso sexual y 80.000 son violadas. Y va más allá de eso: el problema es la forma en que las mujeres son tratadas y convertidas en objetos sexuales inferiores al hombre. Hay que terminar con todo eso.

GQ: Siguiendo con la actualidad española, recientemente ha sido asesinada la presidenta de la Junta de León, que pertenece al partido que ostenta en el poder. Algunas personas que han celebrado este asesinato en las redes sociales están siendo ahora juzgadas y encarceladas, lo que ha provocado que otros colectivos reclamen las mismas medidas contra quien promueva la violencia contra judíos, inmigrantes o comunistas. ¿Es necesario crear una legislación a este respecto o internet se regula solo?
OJ: Gente desagradable y horrible hay en todas partes. Yo mismo recibo amenazas continuamente. Pero no creo que haya que meter en la cárcel a toda la gente que es ofensiva. Cuando se trata de amenazas de muerte dirigidas a minorías deberían ser perseguidas. Si alguien pinta en el muro de tu casa "Matemos a los judíos", es un delito. Y me da igual que sea en el muro de tu casa o en las redes sociales, es intolerable. En Reino Unido hay una clara diferencia entre amenazar de muerte y ser ofensivo. No creo que los segundos debieran ser arrestados, pero si incitas a la violencia, entonces la legislación debe intervenir.

GQ: Algunos jugadores de fútbol, como Wayne Rooney, están considerados 'chavs' por un amplio espectro de la sociedad inglesa. ¿Crees que ídolos de estos colectivos como él deberían realizar algún tipo de acción para favorecer a las comunidades de donde provienen y defender sus derechos?
OJ: La razón de que a personajes como Rooney se les siga tachando de 'chavs' es por sus orígenes: da igual cuanto dinero tengas, naciste entre la basura y siempre serás basura. En todo caso, no creo que el cambio de este tipo de actitudes dependa de actuaciones individuales de personajes famosos. El cambio se produce por la acción colectiva, aunque obviamente ayuda que ellos se comprometan. Cheryl Cole, por ejemplo, sí que ha defendido sus orígenes. Pero no tenemos que reclamar responsabilidades a los que han salido de esa situación, sino a quienes la han provocado.

GQ: ¿Crees que tu libro ha devuelto el debate sobre clases a la palestra política?
OJ: Bueno, los libros son sólo libros, y la verdad es que éste funcionó mucho mejor de lo que esperaba. Creo que gran parte de su éxito se debió a que salió en el momento oportuno, ya que la conciencia de clase era algo que había sido enterrado en el debate político. La salida del libro coincidió con la llegada de un partido conservador en el gobierno, que aprobaba medidas para beneficiar a las élites mientras la gente perdía sus empleos e incrementaba el número de dependientes de las ayudas sociales… Así que los problemas de clase han vuelto por sí mismos.

GQ: A la vista de los discursos de algunos políticos durante esta campaña electoral, ¿podríamos decir que España es la 'chav' de Europa?
OJ: Supongo que dices esto por la postura de algunos políticos alemanes. Es el típico prejuicio de los mediterráneos vagos que se gastan las ayudas sociales frente a la productividad germánica. Es ridículo. España era una economía floreciente antes de la crisis, no había déficit, y la razón de que se arruinase no tiene nada que ver con sus ciudadanos, sino con las acciones de las élites en este país, en Reino Unido y en tantos otros lugares. Yo creo que si tú le prestas dinero a gente que no lo puede devolver, eres tanto o más responsable que ellos de su situación. Mi intención es acabar con las barreras nacionales y que los ciudadanos se den cuenta de que estamos todos en la misma situación. Si eres cajero de supermercado, o estás desempleado, o eres enfermera, da igual que estés en Madrid, en París o en Manchester, afrontas los mismos problemas que el resto: ingresos bajos, inseguridad laboral, recortes en las ayudas sociales y élites que viven muy bien. Así que estamos todos en el mismo barco, y la única manera de revertir esta situación es unirnos.

http://www.revistagq.com/noticias/cultura/articulos/por-que-no-deberias-meterte-con-los-canis/19991

http://capitanswing.com/libros/chavs-la-demonizacion-de-la-clase-obrera/

viernes, 5 de febrero de 2016

"El Clot" un proyecto fotográfico de Jorge López

















El Clot: una fortaleza de hormigón frente al Mediterráneo  

Fotografías de Jorge López y texto de Fernando Bernal publicado en Vice España el 26 de febrero de 2015.

Según lo define Jorge López, "El Clot es un barrio marginado dentro de otro barrio marginado". Se refiere a El Cabanyal, un antiguo pueblo de pescadores que forma parte del núcleo urbano de Valencia desde 1897. En 1998 apareció un proyecto urbanístico que preveía su demolición, con el objetivo de prolongar la Avenida Blasco Ibáñez, "destruyendo la trama urbana de este conjunto declarado Bien de Interés Cultural, y con ella un modo de vida, de relaciones sociales y humanas". Y en ellas centra este fotógrafo su trabajo.

Sumando todas las viviendas condenadas al derribo llegamos a las 1651, entre las que se encuentran las 168 del Clot. "Se trata de un agujero en superficie, una mole imponente de cara al mar y visible desde cualquier punto del barrio. Pese a ello, sus pobladores son invisibles". ¿Y cómo son ellos? "Se trata de familias gitanas en su mayoría, muy pobres, chatarreros, vendedores del rastro. Y todos con un fuerte arraigo a El Cabanyal y al Clot. Muchos de ellos nacieron en el laberinto de chabolas que circundaba el bloque de Los Portuarios, construido en 1957 para los trabajadores del puerto y último vestigio del viejo poblado. En los 90 se tumbaron las casas y solo quedó el edificio".

El proyecto sobre el Clot (que significa hoyo o agujero) lo arrancó Jorge López hace dos años y lo ha venido desarrollando de forma intermitente desde entonces. "Saco fotos pero ya estoy centrado en la edición de un fotolibro, que espero lanzar en 2016". Y la atracción por esta mole de hormigón y sus gentes, ¿de dónde surgió? "Aunque soy de Valencia no conocía la zona ni la problemática de El Cabanyal previamente. Un día pasé por allí con una amiga, vecina del barrio. Descubrí el bloque, exento, como una gran fortaleza frente al mar. Me fascinó, y al día siguiente estaba allí con la cámara. Ha sido un proceso difícil en algunos momentos, pero también me ha dado muchas satisfacciones". Como queda plasmado en su excelente trabajo.

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