martes, 5 de marzo de 2013

Quinquis de los 80

Eran los años 70 y las ciudades crecían a un ritmo imposible. Los planes urbanísticos no eran tales y lo peor de cada casa se refugiaba en el extrarradio de las ciudades. Se construyeron nuevos barrios que carecían en muchos casos de alcantarillado, ambulatorios, escuelas y otros servicios básicos. En este caótico contexto, surgió la figura del quinqui, un tipo de delincuente al que el cine, la literatura, la prensa y la música hicieron protagonista durante la década de los 80.


El CCCB de Barcelona y otros centros culturales dedicaron una amplia exposición sobre el tema en la que se analizan las características de este personaje que se convirtió en icono, su entorno y su influencia en las artes. Amanda Cuesta, comisaria de la muestra junto a Mery Cuesta, cuenta que tanto ella como su compañera se criaron "en barrios precarios de los 70. Ella en Bilbao y yo en Barcelona". "De ahí surge la pulsión por investigar cuáles eran los referentes iconográficos de aquella época. Nos dimos cuenta de que era posible construir un discurso alrededor del género quinqui".
"El punto de partida son las películas", apunta. Quizá por ello, tienen una importancia especial en 'Quinquis de los 80': "El cine retrata muy claramente lo que estaba pasando en ese momento. A partir de él hemos desarrollado las teorías sociológicas y analizado la dimensión cultural del fenómeno". Sólo un dato: entre 1978 y 1985 se produjeron un total de 30 películas en España sobre la delincuencia juvenil. Fotocromos, 'pressbooks' y carteles dan fe de lo prolífico del género a lo largo de la exhibición.
Pero no se da esta difusión del mito únicamente a través del cine: "Dentro de la fenomenología de la mitificación del quinqui, se produce una relación muy cruzada entre la prensa, el cine y otras manifestaciones de la cultura popular como la música o los cómics", remarca la comisaria. "Hay una serie de escenas musicales como son la rumbera, la rockera o la disco, que contribuyen la mitificación de esta figura. Pero probablemente la construcción del mito se deba más al cine, la prensa y la retroalimentación que tiene la una sobre la otra; las películas recogían los titulares de la prensa, y a la vez las propias películas generaron noticias".
Y como bien dice Amanda Cuesta, la creación del fenómeno quinqui "se produce a pie de calle, no sólo entre los jóvenes de la periferia, sino también por la sociedad en un sentido más amplio". Una sociedad que genera lo que las comisarias de la exposición han denominado 'quinqui-stars'".

Celebrities de la delincuencia

"Cuando nosotras hablamos de los 'quinqui-stars' nos referimos a dos casos muy paradigmáticos y elocuentes: el del Jaro, quinqui madrileño, y El Vaquilla, barcelonés. Son historias reales que se han podido reconstruir a través de los periódicos de sucesos (como 'El Caso') y las 'biopics', como 'Navajeros', la saga de 'Perros Callejeros', y 'Yo, El Vaquilla'".
Estas celebridades de la marginalidad marcaron una época caracterizada por los recreativos, los reformatorios, las drogas y "por la represión", remarca la comisaria. "Todos fueron fuertemente reprimidos", añade, "y en casi todos los casos pasaron por la cárcel, más o menos tiempo".


De ellos ha quedado el mito, y muchas canciones. La rumba callejera se encargó de retratar este fenómeno, en temas como 'Maldita droga', de Tony el Gitano, 'La cachimba', de Las Grecas, o 'Soy un perro callejero', de Los Chichos. Estilo musical que a día de hoy sigue vivo en las voces de los pertenecientes al llamado 'neocalorrismo' y la productora Rumba Tunning.
"Existen una serie de pervivencias de este icono en muchas manifestaciones culturales. Una de ellas es el fenómeno fan, que vuelca material autoproducido en la red. También podemos hablar de una herencia que han dejado que se refleja en el cine, como el documental de Can Tunis, de producción muy reciente. O, incluso, en la filmografía latinoamericana", asegura la comisaria. 

Cartel actualizado con las nuevas "PPerras Callejeras" de 2012.

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