Javier García Roche tiene 35 años y es el fundador de ‘Chatarras Palace’. Profesionalmente se dedica efectivamente a la chatarra, gracias a la empresa que heredó de su familia. Pero también es boxeador. Estuvo en la cárcel hace unos años y decidió rehabilitarse a través del boxeo. Su historia ha atraído a los aficionados de este deporte, e incluso ha protagonizado un pequeño documental y una película: ‘El Rey Chatarrero’.
El famoso ‘templo de la lucha’ que lidera se encuentra entre el barrio barcelonés del Bon Pastor y la localidad de Sant Adrià del Besòs. Roche alcanzó gran popularidad hace años, cuando empezó a anunciar esas peleas y decidió abrir un gimnasio de boxeo cerca de su negocio.
Desde entonces, el catalán y su amigo Pollo Ramírez entrenan, sin cobrar, a jóvenes marginales que quieren abandonar sus malos hábitos de vida y empezar a hacer deporte. Los combates, que comienzan por una fase de entrenamiento, son semanales.
Los miembros del grupo convierten contenedores de deshechos de obra en improvisados rings. Las peleas son muy populares y atraen a mucho público. Las apuestas, según sus normas internas, están totalmente prohibidas. Los litigantes no ganan dinero si vencen el combate: pelean, dicen, simplemente “por el placer de pelear”. ‘Roche’ actúa de árbitro en los enfrentamientos.
Las hazañas de los ‘Chatarras Palace’ se volvieron virales desde que sus integrantes comenzaron a grabar los combates con sus teléfonos móviles para compartirlos en el canal de YouTube ‘Chatarrero loko’, que ha logrado reunir a miles de seguidores.
VICE recorre Barcelona con el chatarrero más mediático del panorama nacional, Javi García Roche, el dueño del conocido ‘Chatarra’s Palace’. Seremos testigos de su evolución de delincuente a defensor de los derechos de los animales.
Veremos a Javi, más conocido como el ‘rey chatarrero’, en sus entrenamientos de boxeo, que son gratuitos y están enfocados a chavales en situación de exclusión social. Le veremos luchar en un combate profesional, ante la atenta mirada de su novia Lara, donde nos mostrará lo duro que es luchar por tus ilusiones cuando los años y las lesiones empiezan a pesar.
Vídeo producido originalmente para nuestro programa de televisión #DIARIOVICE.
The selfish giant, el nuevo cine social de Clio Barnard.
Un hacha y un caballo. Eso es
lo que necesitan Arbor y Swifty para sobrevivir. Apenas tienen trece
años, pero la miseria posindustrial que azota Bradford, su pequeña
ciudad al norte de Inglaterra, les obliga a ganarse la vida solos.
Expulsados del colegio por pelearse con quienes se burlan de su olor a
proletarios, comienzan a robar chatarra para vendérsela a un estafador.
Inspirada en una fábula de Oscar Wilde, The selfish giant es una cruda metáfora del capitalismo, la explotación y la amistad, filmada por Clio Barnard.
Si los niños del cuento de
Wilde aprovechan las ausencias del gigante para disfrutar de su jardín,
Arbor y Swifty hacen lo propio con los obreros que descuidan sus bobinas
de cable de cobre. Robárselas es su felicidad traducida en una puñado
de libras que les da el explotador Kitten y con las que,
paradójicamente, pagan la luz que el cable lleva a sus casas.
Desbordados por las deudas y los conflictos domésticos, sus padres
apenas pueden darles de comer, y no se imaginan de dónde sale el dinero
que los chicos llevan a casa.
“Ten cuidado de que no te lo
coja tu padre”, advierte Arbor a su amigo. El pequeño niño rubio
interpretado por Conner Chapman es una secuela de Oliver Twist, un
pícaro que roba chatarra a su patrón para vengar sus abusos. Un niño
hiperactivo que trepa por los postes de alta tensión soñando con cortar
sus cables, como los personajes de Oscar Wilde trepaban por el árbol que
les mostraba su jardín.
Swifty (Shaun Thomas), en
cambio, es ingenuo, fiel y trabajador. Él lleva las riendas del trotón
con el que los dos empiezan a robar cobre, al que ambos cuidan. Y sin
embargo serán los caballos los que lo distancien de Arbor. Porque Kitten
no sólo trapichea con el cobre. También apuesta en carreras, y nombra a
Swifty su jokey titular. Arbor decide entonces vender la chatarra
robada, y se arrepentirá de haber pisado ese jardín…
Ambientada en la Inglaterra post-Thatcher, The selfish giant es un retrato hiperrealista de la sociedad postindustrial a la medida de la serie The Wire
en EE.UU.. Un film con trazos muy reconocibles del documental que
alimenta a Barnard, que ideó la película cuando conoció a dos niños
chatarreros durante el rodaje de The Arbor. No
es de extrañar que comparen con Ken Loach a esta cineasta que utiliza
los silencios y el tiempo real para crear una atmósfera de angustiosa
empatía con sus personajes.
"El gigante de esta versión es Kitten, el dueño de un tiradero de
chatarra y dueño de un caballo de carreras. El cual tendrá gran peso en
la historia. Especialmente en una escena de carreras de caballos al
estilo inglés, que nos recuerda aquellas de Ben-Hur. Sin la gloria del
mundo antiguo. Pues en esta competencia no hay ganadores.
Una película no es buena porque logre ceñirse a una historia, ya sea
una leyenda o un cuento de un escritor, sino por lograr reinterpretar
esa parte de la historia donde anida en el alma humana, sus
contradicciones y sus virtudes. En esta ocasión Clio ha logrado volver a
contar una historia, adaptándola a otro vehículo (el cine) y al mundo
contemporáneo.
Con agilidad la historia se desarrolla sin dejar cabos sueltos. Y la
violencia que prevalece a lo largo del filme es sin duda más horrorosa
que cualquier escena de disparos o decapitaciones. Es una violencia
calculada. Lo cual desde el principio nos hace intuir que no habrá lugar
para finales felices."
Gonzalo Trinidad Valtierra http://www.revistamilmesetas.com/ficm-the-selfish-giant-de-clio-barnard
Sinopsis: Nazif es chatarrero y vive en Bosnia con su mujer Senada y sus dos
hijas. Un día, Senada sufre de fuertes dolores y debe ser hospitalizada
de urgencia. Pero carece de cobertura sanitaria y la pareja ha de pagar
la operación, una fortuna para un chatarrero. Durante diez días, Nazif
trata desesperadamente de encontrar más chatarra para vender y recurre a
diversas instituciones, removiendo cielo y tierra para salvar la vida
de Senada. http://www.labutaca.net/peliculas/la-mujer-del-chatarrero/
Tanovic huye del artificio y utiliza una estética realista: sin
música, con la cámara al hombro y contando con los protagonistas del
hecho real como actores.
"En el primer plano de la película las dos pequeñas hijas, mirando a
cámara, dicen que no pueden mirar. Más allá de una ironía con el juego
entre documento y recreación (ficticia), adelantando, además, la
recurrente tendencia de las niñas de mirar a cámara, contiene una mordaz
implicación. Hay realidades que no se quiere mirar, que no se puede
mirar por la precariedad, por la obscenidad del abandono en que viven
ciertas personas, como si fueran ellos mismos chatarras, como si su
realidad, en la que sobreviven a duras penas fuera sólo un desguace. Lo
que narra la película ocurrió realmente. De hecho, la protagoniza la
misma familia, y participan todos aquellos que estuvieron relacionados
en aquellos acontecimientos, excepto, por descontado, el médico que se
negó a asistir a Serena porque no dependía de él, ya que le había
ordenado el director del hospital que no le atendiera mientras no
pagara. O sea, sólo era un mandado, sin personalidad, un mísero esbirro.
Como tantos otros que miran hacia otro lado sin que sus escrúpulos se
revuelvan en sus entrañas. No es su función."
Más en: http://elcinedesolaris.blogspot.com.es/2014/02/la-mujer-del-chatarrero.html
Dirección y Guión: Danis Tanovic Fotografía: Erol Zubcevic Montaje: Timur Makarevic Sonido: Tarik Beslija, Samir Foco Intérpretes: Nazif Mujic, Senada Alimanovic, Semsa Mujic, Sandra Mujic Duración: 74 m. Distribuidora: Golem Público adecuado: +12 años
Bosnia, Eslovenia, Francia, Italia (Epizoda u zivotu beraca zeljeza), 2013. Estreno en España: 21.2.2014
Para los parias, el estado de supervivencia es lo habitual. De ahí el irónico título que Danis Tanovic
ha dado a su película. Un documental dramático con estructura
narrativa de tres actos, protagonizado por una familia gitana que vive a
las afueras de Sarajevo.
El filme no se deja encasillar en el docudrama, tampoco en el falso
documental. Es, simplemente, un trozo de vida capturado y condensado,
en algo más de una hora, por una cámara al hombro. Quien está detrás de
ella no es un debutante, sino un realizador avezado en la filmación de
la miseria que en 2001 ganó el Oscar a la mejor película extranjera con
En tierra de nadie, cinta con la que comparte la idea de que un optimista es alguien que sabe que las cosas pueden ir mucho peor.
[..]
La crítica y el público quedaron subyugados ante esta historia
sencilla y terrible que nos transmite lo difícil que es vivir para los
pobres. Ganó el Oso de Plata al Mejor Actor y el Gran premio del Jurado
en la Berlinale. El premio no les ha cambiado la vida, pero, desde
que lo ganaron, Nazif tiene trabajo y confía en que, aunque él no llegue a ver la salida de su situación precaria, sus hijas lo lograrán.
Leer más en Fila Siete: http://filasiete.com/estrenos/la-mujer-del-chatarrero/