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jueves, 7 de julio de 2016

Oriol Miñarro "Welcome to the barrio"









































En las antípodas de una Barcelona estereotipada y uniformizada, existe un inframundo acromático donde transcurre un flujo de realidades ajeno a lo inteligible, un marco donde la entraña del ser se expone sin tapujo alguno, un entramado de redes sociales que acaban por conformar celdas de muy distinto corte y realidad. El barrio, por tanto, es el nexo de unión de todo este tejido emocional, un espacio crudo donde sus diferentes componentes acaban por desvelarnos su verdadera condición, sin filtros, sin prejuicios, sin dogma moral que reconduzca la realidad. Bajo el umbral de la asepsia emocional, el devenir de los acontecimientos suma extraños compañeros de viaje que rigen sus vidas por extrañas leyes no escritas, dueños del secreto de su pasado y portadores de una esencia que rezuma barrio por los cuatro costados.

Este proyecto, todo y haber tenido como origen la ciudad Barcelona, ha tomado un giro con el transcurso del tiempo, ha virado hacia lo que he acabado denominando “un barrio de la mente”, una especie de imaginario mental donde se entremezclan aspectos de diferente calado, una narración de la realidad que acaba tornando en ficción descarnada, tomando de algún modo como referencia a la “Generación del 98” entre otros (Los dramas filosóficos de Unamuno, el esperpento y expresionismo de Valle Inclán o el talento narrativo de Pío Baroja).

Sin más complejidad, en definitiva, presento un conjunto de diálogos visuales que intentan homogeneizar el mutante discurso de la calle bajo el paraguas y el amparo de la libre interpretación que nos confiere nuestra mente, un relato visual que no pretende sentar cátedra sobre la verdad o la realidad, más bien ampliar los campos de la imaginación, una experiencia vital.

http://oriolminarro.com/proyectos/welcome-to-the-barrio

http://www.vice.com/es/read/oriol-minarro-fotos-barrios-barcelona

jueves, 30 de octubre de 2014

Swaggers en la puerta del Apple Store de Barcelona

"Adolescentes con una imagen cuidada hasta el último detalle se citan al lado del Apple Store, pasan la tarde allí, no entran nunca, ni siquiera usan Apple, pero se reúnen en torno al edificio de Apple, a escuchar música, hacerse selfies, ligar entre ellos o por Facebook, y a exhibirse ante el resto de transeúntes que pasan de largo escandalizados."

Dos vídeos virales han hecho emerger una subcultura adolescente que no tiene nada de alternativa, la de los nuevos milénicos que se reúnen en torno a las tiendas Apple.
Como tantos barceloneses,  el escritor y realizador Carlo Padial pasaba casi a diario por la esquina de plaza Catalunya con paseo de Gràcia, donde se ubica el gigantesco Apple Store, y se preguntaba qué hacían las decenas de adolescentes que se apelotonan allí, simplemente “estando”, haciéndose selfies en grupo, luciendo sus trabajados estilismos y pillando el wifi que les regala Tim Cook.
Ese fue el germen de un vídeo de menos de tres minutos que rodó para la web Playground y que ya lleva un millón de reproducciones entre Facebook y YouTube. Este vídeo y su secuela, grabado en la discoteca Famee, también de Barcelona, han servido para arrastrar a la superficie y a los medios mainstream (como éste) una subcultura que en realidad no tiene nada de subterránea, los swaggers.

Jovencísimos, consumistas, y desacomplejados, los swaggers –el término viene de swag, un término análogo a rollo o tumbón que popularizaron los raperos fanfarrones a principios de siglo– son los verdaderos milénicos. No es que “crecieran” con el nuevo milenio como los veinteañeros a los que se suele dar esta etiqueta, sino que muchos nacieron ya pasada la frontera del 2000.
Algunos de sus comportamientos son idénticos a los de cualquier grupúsculo urbano que les precede. Se visten para llamar la atención y con un sincretismo de estilos, igual que hacían los peacock mods que se paseaban por la tienda Biba (sin comprar) en el Londres swinging, dándole vueltas al mismo foulard de paramecios para que pareciera nuevo. Pero otros de sus rasgos son radicalmente contemporáneos, como su manejo 100% profesional y marketiniano de las redes sociales.
“Se organizan de manera absolutamente sistematizada y siguiendo una estructura piramidal”, explica a Verne Padial. Y eso se puede comprobar en su segundo vídeo, titulado Famee y Popus: la gran locura swagger.
Los “popus” son los populares, los cabecillas de lo swag, “gente atractiva y con actitud”, según el realizador. Los popus suelen ejercer de RRPP de las discotecas pero no lo hacen solos. Crean su propio equipo de delegados, su ejército de chavales que se encarga de dinamizar a la audiencia en Facebook y arrastrar gente a las fiestas. Éstas, que tienen lugar en clubs como el Illusion, siguen el clásico esquema del club light: no se sirve alcohol, empiezan a las cinco de la tarde y puede entrar cualquier mayor de 14 años que lo pueda demostrar con su DNI.
Viendo las imágenes de los chicos bailando Dem Bow, una variante acelerada del reaggeton de origen dominicano que requiere un movimiento de pies y trasero pariente del twerking, cuesta creer que allí sólo se consuman refrescos. Claro que también tienen un importante papel como combustible las bebidas energéticas como Burn.
En cuestión de estilo, imperan los pantalones muy ajustados, los nano (no ya micro) shorts para las chicas, las gorras o los peinados que combinan zonas rapadas con tupé exagerado. Hay un obvio influjo hiphopero y puntos de convergencia con lo cani pero también hay quien le da un giro preppy, como el chaval (de impecable estilo) de los pantalones arremangados y la gorra roja que aparece en el primer vídeo o el de la pajarita del segundo.
Esa mezcla “entre lo cool y lo quillo” es la que fascinó también al fotógrafo Ramiro E, que ha hecho una serie sobre los swaggers del Apple Store. En conjunto, no es una escena que busque la uniformidad sino la individualidad, igual que tienen cero interés en situarse en los márgenes de la cultura o en ser alternativos (a nada). Lo suyo es la centralidad, también literal: por algo ocupan el centro mismo de las ciudades. En Madrid, por cierto, se reúnen en Sol.
Según Padial, que ha intentado acercarse al fenómeno “sin prejuzgar” y piensa seguir explorándolo en nuevos vídeos, los swaggers españoles “son chicos que vienen muy nuevos, no tienen miedo a nada y están muy mezclados. No creo que sean más consumistas que otra gente, lo que son es más puros. No tienen discurso irónico y sirven muy bien como imagen de lo que todos estamos viviendo. Todos queremos likes en Facebook, pero ellos lo hacen a lo bestia”. En efecto, una buena foto en el Illusion puede llevarse tranquilamente 5.000 “me gustas”.
Aunque el fenómeno es relativamente interclasista (más que el mundo cani), es obvia la influencia de la inmigración latina y en este caso, la diferencia se vive sin ningún tipo de estigma, como señalaban aquí, notando ese momento impagable del vídeo de Fame en el que el dj local Sweet Flow, tras hablar a cámara con su propio acento, un castellano peninsular bastante neutro, sube al escenario a montar su show y adopta un deje medio caribeño para decir: “Esa vainaaa”.
Begoña Gómez Urzaiz
http://blogs.elpais.com/verne/2014/11/swagger-tribu-urbana-apple-store.html
La cultura cani no tiene mucho que ver con los "swaggers".

"Adán y Eva" el nudismo poligonero toma la pantalla

"Adán y Eva": Desnudos frente al mundo
Con Adán y Eva Cuatro demuestra una constancia en programas de apareamiento realmente encomiable: a los ¿Quién quiere casarse con mi hijo?, Un príncipe para Corina o Granjero busca esposa se une ahora este chico-busca-chica o chica-busca-chico en un paraje idílico (¿habrá chico-busca-chico o chica-busca-chica para disgusto del obispo de Alcalá de Henares?). La promoción del programa se pregunta: ¿pueden un hombre y una mujer aguantar dosis masivas de la pura verdad? Si la productora es capaz de resolver este dilema, y hacerlo de forma gratuita, en abierto, Cuatro debería llevarse el Príncipe de Asturias de la Concordia.
Isla de Mljet (Croacia), playa de Blace. Llegan nadando dos jóvenes totalmente desnudos: Sonia y Alejandro. Van en busca del amor. Se autodefinen a cámara. Ella: "querría un hombre guapo, cariñoso, simpático, con economía, una casa en la costa, con un buen coche... que lo condujera él, por supuesto", y matiza desde su aragonesa desnudez: "No soy chica de una noche". Vale.
Él: "Soy un poco golfo, un golfo bueno ¿eh?, y tengo mucho miedo al compromiso. Lo que quiero de una chica es que huela bien y que sea bien hablada". Se inicia el cortejo. Ella insiste en que no es chica de una noche. De pronto aparece Estela: "Me considero un bellezón y soy maquilladora de muertos", así, sin mas. ¿Pueden un hombre y dos mujeres aguantar dosis masivas de la pura verdad?, se preguntará la promoción del programa. "Me quedé muerta cuando vi que llegaba otra", confiesa la que no es chica de una noche. Muertos-muerta, podría ser un homenaje a los juegos de palabras de Cabrera Infante... pero no. Todo va muy rápido. Tonteos, celos incipientes y llega el cuarto, Luis: "Vengo a romper con todo. Las chicas me dicen que mi miembro es más grande de lo normal". Tiene posibles. Pequeño revuelo. A la moza que no lo es de una noche se le ponen los ojos del tío Gilito.
El del miembro y la maquilladora se van de cita por su cuenta. Se produce un diálogo que deseamos por el bien de España no escuchen los expertos del Informe Pisa. A ella no le gusta el arte, "bueno, me gusta Dan Brown y eso del museo de Da Vinci...", "a mí no me gusta leer porque soy muy vago, pero me gustan muchas cosas, soy polivalente...", "¡Huy!, con esa palabra me has matado. ¿Qué quiere decir?". En resumen: la que no era chica de una sola noche resultó serlo. Adán, Eva y la humana incoherencia.
Ángel S. Harguindey
http://cultura.elpais.com/cultura/2014/10/22/television/1413963279_877285.html

 

Adán y Eva en Cuatro - El reality más friki: desnudos integrales, sexo, incultura y chonismo 

Adán, Eva y el láser de diodo 
Si Durero levantara la cabeza y viera —cinco siglos después de pintar su celebérrimo díptico Adán y Eva— a los protagonistas del programa homónimo de Cuatro, puede que no volviera a palmarla. O, al menos, no por el choque espacio-tiempo. Vería hombres y mujeres desnudos, como sus personajes bíblicos, y con los genitales realzados, como ellos, con afeites de distinta naturaleza. Los de los modelos de 1507, camuflados y adornados a la vez con ramas de manzano. Los de aquí y ahora, camuflados y puestos espectacularmente de relieve a la vez al despojarlos de la coraza del vello púbico. Porque, diga lo que diga la promo, en Adán y Eva, el concurso, más que en pelota picada, ellos y ellas van en pelota pelada.
Los concursantes del nuevo programa de citas de Cuatro van en cueros, sí. Pero no precisamente como su madre los trajo al mundo. El 100% de los siete concursantes vistos hasta ahora –cuatro hombres y tres mujeres­– en este espacio de búsqueda de pareja supuestamente a pelo —sin maquillaje, estilismo, trampa ni cartón ninguno—, salen con toda una producción encima. Todos se han sometido a un proceso de depilación integral, probablemente mediante láser de diodo, el método más solicitado hoy en los centros de belleza que proliferan hasta en el último rincón del último barrio marginal del país, sobre todo en esas latitudes. Aparecen, ellos y ellas, desprovistos de todo rastro de pelo en el cuerpo salvo de cuello para arriba. Ahí, sí, se sueltan la melena.
Alguno de los varones lleva barbas más o menos recortadas o hirsutas, y cabelleras más o menos salvajes o domadas a tijera. Pero lo más paradójico es, quizá, lo de alguna de ellas, que se sirve de extensiones capilares para poder cubrir sus pechos con la resultante cascada de pelo mientras luce el monte de Venus completamente al raso. Si algo ha quedado claro con este programa, más allá de que hay gente para todo, es que el pudor es libre. Que mostrar unos atributos da más vergüenza que otros. Y que la depilación integral es tendencia absoluta entre los concursantes de realities.
El 80% del millar de personas de entre 20 y 40 años que se presentaron al casting del espacio, sabedores de que la desnudez era requisito indispensable para ser elegidos, llegó “depilado de casa”, según fuentes de Eyeworks, la productora del formato. Los finalmente seleccionados no recibieron, aseguran, ninguna sugerencia al respecto, pero el porcentaje de rasurados se mantuvo más o menos estable. Veremos, por tanto, hombres y mujeres de pelo en pecho y en pubis en los ocho capítulos que quedan por emitir desde la idílica playa croata. Pero, de momento, ningun velo, por muy natural que sea, dificulta la visión de los aparatos reproductivos de los concursantes por parte de la audiencia. El misterio, si lo hay, está más en sus ojos que en sus sexos.
Ya lo sabía Durero. Hasta en la desnudez total hay artificio, pose y voluntad de estilo. Ya pueden desgañitarse Madonna, Cameron Díaz o Penélope Cruz con que el vello es bello. Aquí y ahora, triunfa la alopecia selectiva. Ante semejantes extremos, quizá la virtud esté, como dijo Aristóteles, en el término medio. Ni tanto, ni tan calvo.
Luz Sánchez-Mellado