En las antípodas de una Barcelona estereotipada y uniformizada, existe un inframundo acromático donde transcurre un flujo de realidades ajeno a lo inteligible, un marco donde la entraña del ser se expone sin tapujo alguno, un entramado de redes sociales que acaban por conformar celdas de muy distinto corte y realidad. El barrio, por tanto, es el nexo de unión de todo este tejido emocional, un espacio crudo donde sus diferentes componentes acaban por desvelarnos su verdadera condición, sin filtros, sin prejuicios, sin dogma moral que reconduzca la realidad. Bajo el umbral de la asepsia emocional, el devenir de los acontecimientos suma extraños compañeros de viaje que rigen sus vidas por extrañas leyes no escritas, dueños del secreto de su pasado y portadores de una esencia que rezuma barrio por los cuatro costados.
Este proyecto, todo y haber tenido como origen la ciudad Barcelona, ha tomado un giro con el transcurso del tiempo, ha virado hacia lo que he acabado denominando “un barrio de la mente”, una especie de imaginario mental donde se entremezclan aspectos de diferente calado, una narración de la realidad que acaba tornando en ficción descarnada, tomando de algún modo como referencia a la “Generación del 98” entre otros (Los dramas filosóficos de Unamuno, el esperpento y expresionismo de Valle Inclán o el talento narrativo de Pío Baroja).
Sin más complejidad, en definitiva, presento un conjunto de diálogos visuales que intentan homogeneizar el mutante discurso de la calle bajo el paraguas y el amparo de la libre interpretación que nos confiere nuestra mente, un relato visual que no pretende sentar cátedra sobre la verdad o la realidad, más bien ampliar los campos de la imaginación, una experiencia vital.
"Adolescentes con una imagen cuidada hasta el último detalle se citan al
lado del Apple Store, pasan la tarde allí, no entran nunca, ni siquiera
usan Apple, pero se reúnen en torno al edificio de Apple, a escuchar
música, hacerse selfies, ligar entre ellos o por Facebook, y a exhibirse
ante el resto de transeúntes que pasan de largo escandalizados."
Dos vídeos virales han hecho emerger una subcultura adolescente que
no tiene nada de alternativa, la de los nuevos milénicos que se reúnen
en torno a las tiendas Apple.
Como tantos barceloneses, el escritor y realizador Carlo Padial
pasaba casi a diario por la esquina de plaza Catalunya con paseo de
Gràcia, donde se ubica el gigantesco Apple Store, y se preguntaba qué
hacían las decenas de adolescentes que se apelotonan allí, simplemente
“estando”, haciéndose selfies en grupo, luciendo sus trabajados estilismos y pillando el wifi que les regala Tim Cook.
Ese fue el germen de un vídeo de menos de tres minutos que rodó para la web Playground y que ya lleva un millón de reproducciones entre Facebook
y YouTube. Este vídeo y su secuela, grabado en la discoteca Famee,
también de Barcelona, han servido para arrastrar a la superficie y a los
medios mainstream (como éste) una subcultura que en realidad no tiene nada de subterránea, los swaggers.
Jovencísimos, consumistas, y desacomplejados, los swaggers –el término viene de swag, un término análogo a rollo o tumbón que
popularizaron los raperos fanfarrones a principios de siglo– son los
verdaderos milénicos. No es que “crecieran” con el nuevo milenio como
los veinteañeros a los que se suele dar esta etiqueta, sino que muchos
nacieron ya pasada la frontera del 2000.
Algunos de sus comportamientos son idénticos a los de cualquier
grupúsculo urbano que les precede. Se visten para llamar la atención y
con un sincretismo de estilos, igual que hacían los peacock mods que se paseaban por la tienda Biba (sin comprar) en el Londres swinging, dándole vueltas al mismo foulard
de paramecios para que pareciera nuevo. Pero otros de sus rasgos son
radicalmente contemporáneos, como su manejo 100% profesional y
marketiniano de las redes sociales.
“Se organizan de manera absolutamente sistematizada y siguiendo una estructura piramidal”, explica a Verne Padial. Y eso se puede comprobar en su segundo vídeo, titulado Famee y Popus: la gran locura swagger.
Los “popus” son los populares, los cabecillas de lo swag,
“gente atractiva y con actitud”, según el realizador. Los popus suelen
ejercer de RRPP de las discotecas pero no lo hacen solos. Crean su
propio equipo de delegados, su ejército de chavales que se encarga de
dinamizar a la audiencia en Facebook y arrastrar gente a las fiestas.
Éstas, que tienen lugar en clubs como el Illusion, siguen el clásico
esquema del club light: no se sirve alcohol, empiezan a las
cinco de la tarde y puede entrar cualquier mayor de 14 años que lo pueda
demostrar con su DNI.
Viendo las imágenes de los chicos bailando Dem Bow, una variante acelerada del reaggeton de origen dominicano que requiere un movimiento de pies y trasero pariente del twerking,
cuesta creer que allí sólo se consuman refrescos. Claro que también
tienen un importante papel como combustible las bebidas energéticas como
Burn.
En cuestión de estilo, imperan los pantalones muy ajustados, los nano
(no ya micro) shorts para las chicas, las gorras o los peinados que
combinan zonas rapadas con tupé exagerado. Hay un obvio influjo hiphopero y puntos de convergencia con lo cani pero también hay quien le da un giro preppy,
como el chaval (de impecable estilo) de los pantalones arremangados y
la gorra roja que aparece en el primer vídeo o el de la pajarita del
segundo.
Esa mezcla “entre lo cool y lo quillo” es la que fascinó también al fotógrafo Ramiro E, que ha hecho una serie sobre los swaggers
del Apple Store. En conjunto, no es una escena que busque la
uniformidad sino la individualidad, igual que tienen cero interés en
situarse en los márgenes de la cultura o en ser alternativos (a nada).
Lo suyo es la centralidad, también literal: por algo ocupan el centro
mismo de las ciudades. En Madrid, por cierto, se reúnen en Sol.
Según Padial, que ha intentado acercarse al fenómeno “sin prejuzgar” y piensa seguir explorándolo en nuevos vídeos, los swaggers
españoles “son chicos que vienen muy nuevos, no tienen miedo a nada y
están muy mezclados. No creo que sean más consumistas que otra gente, lo
que son es más puros. No tienen discurso irónico y sirven muy bien como
imagen de lo que todos estamos viviendo. Todos queremos likes
en Facebook, pero ellos lo hacen a lo bestia”. En efecto, una buena foto
en el Illusion puede llevarse tranquilamente 5.000 “me gustas”.
Aunque el fenómeno es relativamente interclasista (más que el mundo cani),
es obvia la influencia de la inmigración latina y en este caso, la
diferencia se vive sin ningún tipo de estigma, como señalaban aquí, notando ese momento impagable del vídeo de Fame en el que el dj local Sweet Flow, tras hablar a cámara con su propio acento, un castellano peninsular bastante neutro, sube al escenario a montar su show y adopta un deje medio caribeño para decir: “Esa vainaaa”.
Begoña Gómez Urzaiz http://blogs.elpais.com/verne/2014/11/swagger-tribu-urbana-apple-store.html
"Adán y Eva": Desnudos frente al mundo
Con Adán y Eva Cuatro demuestra una constancia en programas de apareamiento realmente encomiable: a los ¿Quién quiere casarse con mi hijo?,Un príncipe para Corina o Granjero busca esposa
se une ahora este chico-busca-chica o chica-busca-chico en un paraje
idílico (¿habrá chico-busca-chico o chica-busca-chica para disgusto del obispo de Alcalá de Henares?). La promoción del programa
se pregunta: ¿pueden un hombre y una mujer aguantar dosis masivas de la
pura verdad? Si la productora es capaz de resolver este dilema, y
hacerlo de forma gratuita, en abierto, Cuatro debería llevarse el
Príncipe de Asturias de la Concordia.
Isla de Mljet (Croacia), playa de Blace. Llegan nadando dos jóvenes
totalmente desnudos: Sonia y Alejandro. Van en busca del amor. Se
autodefinen a cámara. Ella: "querría un hombre guapo, cariñoso,
simpático, con economía, una casa en la costa, con un buen coche... que
lo condujera él, por supuesto", y matiza desde su aragonesa desnudez:
"No soy chica de una noche". Vale.
Él: "Soy un poco golfo, un golfo bueno ¿eh?, y tengo mucho miedo al
compromiso. Lo que quiero de una chica es que huela bien y que sea bien
hablada". Se inicia el cortejo. Ella insiste en que no es chica de una
noche. De pronto aparece Estela: "Me considero un bellezón y soy
maquilladora de muertos", así, sin mas. ¿Pueden un hombre y dos mujeres
aguantar dosis masivas de la pura verdad?, se preguntará la promoción
del programa. "Me quedé muerta cuando vi que llegaba otra", confiesa la
que no es chica de una noche. Muertos-muerta, podría ser un homenaje a
los juegos de palabras de Cabrera Infante... pero no. Todo va muy
rápido. Tonteos, celos incipientes y llega el cuarto, Luis: "Vengo a
romper con todo. Las chicas me dicen que mi miembro es más grande de lo
normal". Tiene posibles. Pequeño revuelo. A la moza que no lo es de una
noche se le ponen los ojos del tío Gilito.
El del miembro y la maquilladora se van de cita por su cuenta. Se
produce un diálogo que deseamos por el bien de España no escuchen los
expertos del Informe Pisa. A ella no le gusta el arte, "bueno, me gusta
Dan Brown y eso del museo de Da Vinci...", "a mí no me gusta leer porque
soy muy vago, pero me gustan muchas cosas, soy polivalente...", "¡Huy!,
con esa palabra me has matado. ¿Qué quiere decir?". En resumen: la que
no era chica de una sola noche resultó serlo. Adán, Eva y la humana
incoherencia.
Ángel S. Harguindey http://cultura.elpais.com/cultura/2014/10/22/television/1413963279_877285.html
Adán y Eva en Cuatro - El reality más friki: desnudos integrales, sexo, incultura y chonismo
Adán, Eva y el láser de diodo
Si Durero levantara la cabeza y viera —cinco siglos después de pintar su celebérrimo díptico Adán y Eva— a los protagonistas del programa homónimo de Cuatro,
puede que no volviera a palmarla. O, al menos, no por el choque
espacio-tiempo. Vería hombres y mujeres desnudos, como sus personajes
bíblicos, y con los genitales realzados, como ellos, con afeites de
distinta naturaleza. Los de los modelos de 1507, camuflados y adornados a
la vez con ramas de manzano. Los de aquí y ahora, camuflados y puestos
espectacularmente de relieve a la vez al despojarlos de la coraza del
vello púbico. Porque, diga lo que diga la promo, en Adán y Eva, el concurso, más que en pelota picada, ellos y ellas van en pelota pelada.
Los concursantes del nuevo programa de citas de Cuatro
van en cueros, sí. Pero no precisamente como su madre los trajo al
mundo. El 100% de los siete concursantes vistos hasta ahora –cuatro
hombres y tres mujeres– en este espacio de búsqueda de pareja
supuestamente a pelo —sin maquillaje, estilismo, trampa ni cartón
ninguno—, salen con toda una producción encima. Todos se han
sometido a un proceso de depilación integral, probablemente mediante
láser de diodo, el método más solicitado hoy en los centros de belleza
que proliferan hasta en el último rincón del último barrio marginal del
país, sobre todo en esas latitudes. Aparecen, ellos y ellas,
desprovistos de todo rastro de pelo en el cuerpo salvo de cuello para
arriba. Ahí, sí, se sueltan la melena.
Alguno de los varones lleva barbas más o menos recortadas o hirsutas,
y cabelleras más o menos salvajes o domadas a tijera. Pero lo más
paradójico es, quizá, lo de alguna de ellas, que se sirve de extensiones
capilares para poder cubrir sus pechos con la resultante cascada de
pelo mientras luce el monte de Venus completamente al raso. Si algo ha
quedado claro con este programa, más allá de que hay gente para todo, es
que el pudor es libre. Que mostrar unos atributos da más vergüenza que
otros. Y que la depilación integral es tendencia absoluta entre los
concursantes de realities.
El 80% del millar de personas de entre 20 y 40 años que se presentaron al casting
del espacio, sabedores de que la desnudez era requisito indispensable
para ser elegidos, llegó “depilado de casa”, según fuentes de Eyeworks,
la productora del formato. Los finalmente seleccionados no recibieron,
aseguran, ninguna sugerencia al respecto, pero el porcentaje de
rasurados se mantuvo más o menos estable. Veremos, por tanto, hombres y
mujeres de pelo en pecho y en pubis en los ocho capítulos que quedan por
emitir desde la idílica playa croata. Pero, de momento, ningun velo,
por muy natural que sea, dificulta la visión de los aparatos
reproductivos de los concursantes por parte de la audiencia. El
misterio, si lo hay, está más en sus ojos que en sus sexos.
Ya lo sabía Durero. Hasta en la desnudez total hay artificio, pose y voluntad de estilo. Ya pueden desgañitarse Madonna, Cameron Díaz o Penélope Cruz con que el vello es bello.
Aquí y ahora, triunfa la alopecia selectiva. Ante semejantes extremos,
quizá la virtud esté, como dijo Aristóteles, en el término medio. Ni
tanto, ni tan calvo.